Cápsulas de sostenibilidad

 

Las ciudades tienen que hacer las paces con el clima

Las ciudades generan el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Es el momento de decidir entre el crecimiento sin límites o el bienestar de la tierra.

Cambio climático, calentamiento global, contaminación atmosférica… son conceptos que ya forman parte de nuestro vocabulario, ¿pero sabemos exactamente qué significan y en qué se diferencian?

En esta cápsula de sostenibilidad intentaremos dejar estos conceptos bien claros, ver qué relaciones existen entre ellos y apuntaremos la idea de que las acciones para luchar contra el cambio climático no pueden ser ambiguas políticamente, sino que hace falta un marco social crítico.

Usamos el concepto cambio climático para referirnos a la variación global del clima de la Tierra. El clima de la Tierra depende de muchos factores naturales, tales como la cantidad de radiación que recibe del Sol y la forma en que se reparte por su superficie, la disposición de los continentes y los océanos, la composición de la atmósfera, etc. Estos factores varían a lo largo del tiempo y por lo tanto el clima de la Tierra también ha variado. Así, durante la historia de nuestro planeta, ha habido numerosos cambios climáticos que han llevado la Tierra a vivir épocas más cálidas o más frías (las glaciaciones).

Los seres vivos que vivimos en el planeta Tierra también podemos influenciar en el clima y lo hemos hecho en épocas pasadas, por ejemplo hace unos 570 millones de años, cuando los primeros organismos fotosintéticos cambiaron la composición de la atmósfera iniciando un cambio del clima del planeta.

Sin embargo, hoy en día, los seres humanos hemos acentuado de una manera inimaginable hasta ahora estas variaciones naturales del clima con la quema de una gran cantidad de combustibles fósiles. El inicio de este cambio de clima que estamos sufriendo tiene su origen en nuestras acciones y provoca que la temperatura global de la Tierra aumente. Este hecho, que la Tierra se caliente, recibe el nombre de calentamiento global y se calienta debido al aumento de gases y partículas de efecto invernadero (gases como el CO2, el metano, los óxidos de nitrógeno , el vapor de agua, el ozono troposférico y los halocarbonos y partículas en suspensión como el hollín) que los humanos emitimos a la atmósfera.

Algunos de estos gases y partículas de efecto invernadero, como el ozono troposférico y el hollín también son grandes contaminantes atmosféricos y por tanto no sólo perjudican el clima (con las consecuencias dramáticas que muchos informes científicos han descrito, como las del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio climático, IPCC) sino también directamente a nuestra salud. Por lo tanto, cuando se actúa localmente para disminuir la cantidad de estos compuestos en la atmósfera y ganar en calidad del aire, se está haciendo frente también al cambio climático. Por otra parte, también se ha estudiado, y este informedel Grupo de Liderazgo climático C40, es un ejemplo, que muchas de las fuentes de gases de efecto invernadero en las ciudades también producen contaminantes atmosféricos. Es el caso del tráfico rodado, la industria y la energía utilizada en los edificios, que funcionan básicamente gracias a la quema de combustibles fósiles. Por lo tanto, la lucha contra el cambio climático y la contaminación atmosférica en las ciudades comparte causas y soluciones.

Sin embargo, a menudo las administraciones locales suelen actuar sobre la contaminación atmosférica cuando ésta es producida dentro de su territorio y tiene impacto local. Se centran principalmente en los actores contaminantes locales (tráfico en la ciudad, eficiencia energética de los edificios, volumen de energía renovable generada en el municipio), acciones necesarias pero no suficientes, ya que hacer frente al cambio climático supone un cambio en esta lógica de actuación.

La reciente Declaración de emergencia climática de Barcelona, ​​ha hecho pero un paso más allá y Barcelona ha empezado a plantearse que debe actuar también para disminuir las emisiones asociadas a la importación de productos producidos fuera de sus fronteras y por ejemplo ha planteado acciones claves para reducir el impacto del puerto y el aeropuerto no sólo pensando en las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con sus infraestructuras sino también con las rutas de mercancías y pasajeros.

Las ciudades no funcionan sin todos los productos que vienen del exterior. La ropa que llevamos viene de indonesia, la tecnología que compramos de china y el gas lo importamos de Argelia, por poner unos ejemplos. Por lo tanto, si queremos acercarnos a la realidad de nuestro impacto sobre el clima, entenderlo – y actuar- para disminuirlo, hay que tener en cuenta los gases de efecto invernadero generados en la producción de los productos y servicios que se consumen en la ciudadindependientemente de si se producen dentro o fuera de la ciudad.

Un estudio publicado recientemente en el Journal of Cleaner production y que analiza el portal Contaminación Barcelona muestra que si en Barcelona emitimos alrededor de dos toneladas por persona y año –2,11 toneladas CO2 equivalente / año en el año 2017-, si tenemos en cuenta las emisiones asociadas al consumo para hacer funcionar la ciudad, esta cantidad se más que triplica.

Las ciudades consumen incansablemente, como nosotros, por lo tanto parece evidente que hay que reducir este consumo superfluo de recursos con políticas públicas encaminadas a hacer frente al cambio climático y la contaminación de las ciudades. Las acciones de la Declaración de Emergencia Climática de Barcelona van en esta línea y apuestan por un cambio de modelo de consumo y económico, entre otras actuaciones.

Reducir el consumo, implica repensar también el modelo de sobreproducción que tenemos y contraerlo y el World Watch Instute ya lo apunta en su último informe donde dice: «Salvar el clima requiere reconsiderar los mecanismos del capitalismo».

La Declaración de emergencia climática de Barcelona señala que sólo cinco países emiten casi el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero y sólo veinte empresas multinacionales, el 35%. La justicia climática significa que quien tiene más responsabilidad  haga más esfuerzos y que las medidas que se tomen para hacer frente al cambio climático no recaigan sobre los más vulnerables. Es ahora o nunca.

Por dónde empezar?

· Consume productos de proximidad, ecológicos, reduciendo el consumo de carne y el de envases

· Consume sólo lo que necesites

· Repara, reutiliza y recicla

· Siempre que puedas evita el vehículo privado y desplázate a pie, en bici o en transporte público

· Contrata energía verde

· Enverdece tu balcón o terraza y participa de los huertos comunitarios

· Si puedes, aísla bien tu casa e infórmate de cómo ahorrar energía en los Puntos de Asesoramiento Energético

· Participa en eventos, proyectos y movimientos que hacen frente a la crisis climática como Fridays For Future o Exctinction Rebellion

 

Si quéreis conocer otras cápsulas de sostenibilidad podéis consultar el apartado Cápsulas de Sostenibilidad de La Fàbrica del Sol.

Si un cosmético incluye algún producto de origen natural se puede anunciar en la etiqueta como tal. Pero al lado del componente natural puede haber petroquímicos. La letra grande de las etiquetas siempre es parcial.

Un parásito microscópico está llevando a la extinción uno de los moluscos más grande del mundo, la Nacra, un tesoro marino mediterráneo del que hemos extraído seda de mar, carne, nácar y perlas.

Manzanas y salmones transgénicos, ternera tratada con hormonas que están prohibidas, colorantes alimentarios vetados... todos estos productos los podemos llegar a tener en la mesa gracias al CETA.

Suaves, blancas y perfumadas, las toallitas húmedas nos han facilitado la vida, pero quizás lo que no sabemos es que nos cuestan mucho más de lo que pagamos para adquirirlas.

Cielos sin estrellas, noches de insomnio, insectos que no encuentran su pareja... son algunos de los efectos de la contaminación lumínica que padecemos.

Cada año mueren en Cataluña más personas a causa de la contaminación atmosférica que por accidentes de tráfico.

Son peludos, vuelan a oscuras, duermen boca abajo y en general no nos generan demasiada simpatía, pero estos mamíferos voladores nos protegen de los mosquitos y de las enfermedades que puedan transmitir.

Filtros químicos, filtros físicos, protección solar, UVA y UVB, FPS 50+. ¿Qué tenemos que valorar a la hora de elegir una crema solar? ¿Son todas iguales?

Galletas, cereales, bollería, aperitivos, helados... ¿Están muy buenos pero sabemos que contienen aceite de palma y otros ingredientes que perjudican la salud y el medio ambiente?

Disponer de una certificación energética A para tu vivienda en lugar de una G puede implicar un ahorro económico considerable ya que gastas 10 veces menos energía.

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