Jon Marín

Jon Marín: "No hay mala hierba"

 

Es licenciado en Biología y tiene un Master en Ecología Industrial. Aparte de su vertiente científica, tiene una parte creativa que ha ido madurando profesionalmente desde 2007. Desde entonces es socio fundador de Nutcreatives, una agencia interdisciplinaria de diseño y creatividad. Además, también es profesor e investigador en cuestiones de diseño y sostenibilidad en diferentes universidades europeas.

 

 

¿Qué te hizo introducir en este mundo?

Cuando hablamos de naturaleza parece que sólo hablamos de grandes bosques y ríos, árboles gigantescos o de los grandes mamíferos. Pero existe naturaleza en todas partes: en los márgenes de los caminos, en solares abandonados o en los parques de la ciudad.

¿Qué son exactamente “las malas hierbas”?

Son plantas que aparecen de manera espontánea, no necesitan ni los cuidados ni el control de los seres humanos para crecer. Salen por todas partes y no son bienvenidas ni por jardineros ni por agricultores.

¿Qué deberíamos hacer con estas hierbas?

Conocerlas, para respetarlas y utilizarlas. Son hierbas esenciales para nuestros ecosistemas, ya que actúan como pioneras en lugares desnaturalizados, proporcionan protección a los suelos y favorecen el crecimiento de otras plantas en sus primeros estadios.

¿Donde las podemos encontrar?

Están en todas partes, pero no las vemos. Entre el césped del jardín, en paredes y muros, en medio de las calles, en los márgenes de los caminos y de los campos de cultivo ... A medida que nos alejamos del centro de la ciudad, serán más abundantes. Pero en la ciudad también las veremos en cualquier lugar.

¿Cuáles son sus usos principales?

Estas malas hierbas no siempre han llevado este adjetivo. Tradicionalmente, muchas de ellas se han usado en medicina y en cocina desde tiempos inmemoriales. La parietaria, por ejemplo, era utilizada por los griegos como un buen remedio para las inflamaciones o las quemaduras. Del diente de león hay escritos medicinales desde el siglo XI. Y, a nivel culinario, hay plantas poco valoradas por nosotros, como la malva o la verdolaga, que en otros lugares se comercializa y se utiliza normalmente.

¿Qué “malas hierbas” son comunes y podemos aprovechar fácilmente?

Las más comunes son las cardeñas, los dientes de león, la verdolaga y los morrones. Se pueden aprovechar sus hojas para ensaladas. Basta que sean tiernos, estén en buen estado y se laven bien.

¿Es una práctica activista o gourmet?

Aprovecharlas es una excusa para salir al campo y estar en contacto con la naturaleza. Es redescubrir sabores y valores olvidados. Es ampliar tu conocimiento cultural, natural y culinario. Y, por supuesto, si invitas a tus amigos a una crema de ortigas acabadas de recolectar, quedas como un gran gourmet.

¿Se puede popularizar igual que ocurre con las setas?

En países como Francia la recolección de estas plantas es más popular. Aquí todavía nos falta un poco para que sea una práctica común. Si recuperamos la práctica de la recolección, habría que hacerlo desde una vertiente naturalista y no desde una vertiente consumista, como ha ocurrido con el boom de las setas.

¿Qué consejos darías a alguien que las quisiera recoger?

Existe mucha información relacionada con las plantas silvestres comestibles. Mi libro “No hay mala hierba” es un ejemplo. Es muy interesante indagar en la cultura asociada a cada planta y resulta igual de excitante encontrar una planta en un bosque como redescubrir una receta que hacía tu abuela!

 


 

Hemos organizado un taller sobre identificación y cocina de plantas silvestres. De la mano de Nutcreatives hemos conocido el potencial culinario de las mal llamadas “malas hierbas” preparando granizados, ensaladas o acompañando platos exquisitos. En general, todas las plantas cultivadas tienen su “equivalente” silvestre en la naturaleza, ya que provienen de la selección y modificación de las plantas silvestres hecha por los campesinos a lo largo de la historia.

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