Marta Torres

“Como humanidad, hemos hecho cosas mucho más complicadas que esta transición energética que tenemos de antemano.”

Se dedica a entender cómo podemos transformar la economía y la sociedad para llegar a eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar este reto de la manera más justa y rápida posible. Desde el 2018, trabaja para el think tank internacional IDDRI que fue clave en el desarrollo del Acuerdo de París para liderar el impulso de desarrollo e investigación asociada a las estrategias climáticas de largo plazo para hacer frente al cambio climático. También es miembro del Comité de Expertos de Cambio Climático del Parlament de Catalunya y del Grupo de Expertas y Expertos de Emergencia Climática de Barcelona.

 

Entendemos la transición energética como el proceso de cambio que estamos experimentando actualmente y que nos conduce hacia un nuevo modelo energético basado en la sustitución masiva de energías fósiles por energías renovables. ¿Es realista considerar que en Barcelona este proceso culminará y se alcanzará esta sustitución masiva?

La verdad es que no me pregunto si es realista o no porque sé que no tenemos alternativa. El debate es bajo qué condiciones podremos conseguir que esta transición sea masiva y en el periodo de tiempo que necesitamos. Que es realista, no tengo ninguna duda. Y, de hecho, el último informe del IPCC así lo avala.

Sobre el papel, es relativamente sencillo y sabemos qué tenemos que hacer. Y también sabemos porque no estamos avanzando lo suficiente y, por lo tanto, donde tenemos que poner más esfuerzos. El reto es la coordinación y pasar en la acción. Pero es totalmente realista. Como humanidad, hemos hecho cosas mucho más complicadas que esta transición energética que tenemos de antemano.

Es cierto que no es sencillo. Parecería que sólo se trata de cambiar un combustible por otro pero sabemos que eso no nos resolvería los problemas que tenemos, o causaría nuevos. Para que este proceso sea exitoso se requiere un cambio de paradigma, en particular cambiar la manera en que producimos y consumimos, y en definitiva, cómo nos relacionamos con la naturaleza. Y ésta es la tarea realmente complicada, y no hemos enfocado la transición energética de esta manera desde el principio.

 

¿Ampliamos el foco, a nivel catalán es realista? O incluso europeo: hay países que han vuelto a impulsar energías fósiles en el contexto de restricciones y encarecimiento de la energía como consecuencia de la invasión rusa en Ucrania. ¿Qué peso tendrá este contexto bélico en los planes de transición energética de los países de la UE?

En el ámbito catalán, el objetivo de tener 100% energías renovables y sin nucleares ya está en la ley para el 2050 y hay hojas de ruta muy específicas sobre como se puede conseguir. Evidentemente, esta consecución tiene una consecuencia importante en la ciudad de Barcelona. Por ejemplo, el 50% de la energía que se consume es electricidad. Si esta electricidad ya tiene un origen verde, el 50% de la energía consumida en Barcelona también sería verde.

A escala europea, por el contexto bélico que estamos viviendo, se han tenido que tomar ciertas decisiones que van a priori en contra la descarbonización. Y creo que es importante que no se esconda que estas medidas comportan aumento de emisiones al corto plazo. Eso sí, hay que entender que se han tomado para poder gestionar consecuencias sociales o económicas críticas e inmediatas, y conscientes de que no ponen en peligro la consecución de los objetivos a medio y larga plazo. Y en paralelo, hay que observar qué medidas estructurales se están reforzando o activando para tener la capacidad de afrontar la siguiente crisis, desde una situación de partida diferente.

 

La tecnología es necesaria para hacer la transición energética. La misma tecnología que impacta en el planeta por la extracción de los materiales necesarios para su fabricación. ¿Cómo podemos dormir con esta contradicción? ¿Hay alternativas que ya se estén estudiando para reutilizar los materiales, por ejemplo?

No tenemos suficientes materiales para consumir de la misma manera pero con energía renovable. Eso es así. Es inconcebible pensar en seguir haciendo el mismo pero con otras tecnologías. Por lo tanto, el primer paso es reducir el uso de la energía, y no sólo para ser más eficientes sino para consumir menos y diferente, pues ciertos servicios, hábitos o deseos pueden desacoplar-se del uso de energía.

En el marco de la economía circular, sí que se pueden reutilizar ciertos minerales y, por lo tanto, volver a introducirlos en la cadena de valor, si se ha considerado un diseño especial del producto inicial y se ha realizado el tratamiento adecuado. De hecho, la Unión Europea tiene una hoja de ruta específica sobre la economía circular en relación en los minerales críticos. Es una hoja de ruta que está allí, y está bien argumentado pero es un tema que no está resuelto.

En Europa lo empezamos a hablar, pero está el caso de países como India o Indonesia donde este debate es esencial para desbloquear acción contundente. Tienen la presión para dejar de utilizar el carbón que es su recurso principal, y cambiarse a otra tecnología que ni es tan accesible para ellos y que los genera dudas sobre su disponibilidad a largo plazo. Estamos haciendo una apuesta muy fuerte aunque no hemos resuelto todas las preguntas, pero seguir como hasta ahora no es una opción. Más allá de tecnologías, en los países en vías de desarrollo este debate tiene una perspectiva de modelo de desarrollo, preguntándose si siguen basando su economía en la extracción de minerales o cambian. Y si cambian, cuál es su papel en esta transición energética: como incorporarse a la cadena de valor, para dejar de ser simplemente, una economía de extracción, y hacerlo con garantías sociales y medio ambientales para su gente.

 

¿Hay algún paradigma político-econòmic de los que oímos llamar últimamente que plantee un paisaje de futuro que te convenza? Decrecimiento, acceleracionisme, neoliberalismo verde …

A mí no me toca posicionarme,  pues procuro entender lo que necesitamos desde una perspectiva científica. Y lo que veo es que no hay un planteamiento que sirva para todos. Por ejemplo, yo trabajo mucho en lugares como la India donde hablar de decrecimiento no tiene ningún sentido. No es coherente ni ético. Allí hay unas necesidades esenciales de desarrollo, y este concepto es percibo mayoritariamente como una amenaza a sus derechos básicos. A menudo me preguntan porque no se habla más de decrecimiento a nivel de las negociaciones internacionales del clima … Pues bien, no se habla porque la mayor parte de la población mundial vive en la pobreza y el concepto de decrecimiento no encaja.

A nivel europeo, lo que está teniendo muy buena acogida es el concepto de sobriedad. Me parece un concepto muy interesante. Yo lo relacionaba con el consumo de alcohol, y pensaba que a nadie le gusta estar de resaca, con la sensación de haber-se pasado. En el contexto de la transición ecológica, se aplica el concepto de sobriedad a nuestro consumo cotidiano. No hace falta que volvamos a las cuevas ni que hagamos sacrificios que nos hagan infelices, pero si dejar de consumir cuando no nos aporta nada.

 

¿Seremos capaces como barceloneses y barcelonesas de tomar parte activa de esta transición? ¿Por dónde nos recomiendas que empecemos?

Una de las razones por las cuales no avanzamos y que no he dicho antes es que no todos nos hemos implicado. Y eso es imprescindible que lo tengamos en cuenta: si no hay una implicación mayor de la ciudadanía en esta transición no conseguiremos los cambios necesarios. Por lo tanto, creo que sí que somos capaces pero lo tenemos que querer.

Eso no quiere decir que como ciudadanos lo tengamos que hacer todo. No, porque los altos niveles de coordinación que comentábamos antes son necesarios. Se requiere la movilización ciudadana y se requiere una gobernanza a diferentes niveles que nos ayude a coordinar y a sacar adelante las acciones que nosotros, como ciudadanos, no podemos ni tenemos que asumir. Nos tienen que poner las facilidades. Si yo, por ejemplo, vivo en un pueblo, necesito que haya una parada de autobús para poder dejar el coche. Sino, la sensación es que nos piden hacer milagros. Necesito que me faciliten esta parada. Y éste es un papel clave que tenemos como ciudadanía crítica: poner de relieve qué es lo que necesito que me faciliten para tener una vida más sostenible.

Y con respecto a lo que podemos hacer, yo diferencio tres tipos de ciudadano que van a un restaurante a comer. Hay uno que si le ofrecen la posibilidad de entrar en la cocina y hablar con el cocinero dirá: “Claro”!. Y se emocionará, entrará en la cocina, preguntará y propondrá: ¿“Oye, has intentado poner este ingrediente que a mí me gusta? ¿Por qué no lo añades”? I después saldrá fuera y le servirán el plato que él ha imaginado. Hay otro tipo de ciudadano que dirá: “Traeme el menú y yo escogeré”. Pasará un tiempo leyendo, cogiendo conciencia de las opciones que hay y escogiendo entre lo que le viene dado. Y está el tercer tipo de ciudadano que no llegará ni a tiempo de ver el menú y le servirán lo que ha hecho el cocinero aquel día. Éste no tendrá opción.

O sea que todos formaremos parte de alguna manera pero hay estos tres niveles de implicación y cada uno de nosotros tiene que decidir dónde quiere estar. Si no tenemos lo bastante ciudadanos del tipo 1 y 2, que son los que se implican, lo tendremos difícil. Si escoges ser un ciudadano del tipo 3 y no te implicas en el proceso, te vendrá muy dado. Entonces no te quejes.

 

Para acabar, a los entrevistados de los Faros de Sol, siempre les preguntamos lo mismo: ¿nos puedes decir alguna de tus estrategias para ser más sostenible?

El que me he dado cuenta de que me ayuda realmente a cambiar moldes y ser más sostenible es no ser tan esclava del reloj. Me he dado cuenta de que a menudo acabo haciendo cosas que no son sostenibles porque voy con el chip de la prisa. Vale la pena conseguir cambiar esta manera de hacer donde el reloj nos marca la vida y que destinamos más tiempo a lo que consideramos importante.

¡Y no quiero decir que no seamos prácticos! Yo, como todo el mundo, tengo mi trabajo, mis 8 horas, mis 3 hijos, mis horarios, las extraescolares, arriba y abajo … No tengo el privilegio de ignorar el tiempo y los horarios que nos marca el sistema. No. Pero pienso que podemos hacer mucho. En la manera como nos relacionamos con el tiempo, y por lo tanto, cómo cocinamos, como nos alimentamos, como paseamos … De la misma manera que en el contexto del cambio climático hablamos siempre de crear otro vínculo con la naturaleza, creo que tenemos que crear otro vínculo con el tiempo. Ésta es la manera como yo intento salir adelante. ¿Pero me cuesta mucho, eh? ¡Es el reto que tengo! Fracaso porque vuelvo a las prisas falsamente impuestas … Intento no sólo priorizar qué cosas hago sino también conseguir no estresarme por la falta de tiempo. Al fin y al cabo, el tiempo es una cosa que nos hemos inventado los humanos.

 

Barcelona, septiembre de 2022

 

Si queréis conocer otras entrevistas hechas para el equipo de la secretaría técnica de la XEAB podéis consultar el apartado Faros de Sol.

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Las opiniones expresadas en esta entrevista son a título particular y no necesariamente reflejan el posicionamiento institucional del Ayuntamiento de Barcelona.