El movimiento lento: una filosofía de vida

SLOW. El movimiento lento o Slow, es una corriente cultural, o filosófico, que promueve vivir con más calma, con el objetivo de tener una vida más saludable y plena. Es un movimiento ciudadano plural y con vocación transversal.

El movimiento Slow, es una corriente cultural que promueve una vida más calmada, focalizándose en aquellas actividades que priorizan el desarrollo personal y en el uso de tecnología orientado al ahorro de tiempo, con el objetivo de tener una vida más saludable y plena. Es un movimiento ciudadano, sin organización, con vocación de transversalidad y pluralidad. Su portavoz es Carl Honoré, miembro del Experto Lab de la Barcelona Time Use Initiative for a Healthy Society.

La dicotomía entre velocidad y lentitud debe ser tan antigua como la propia humanidad, pero es cierto que desde la Revolución industrial la aceleración no ha tenido freno. El culto a la rapidez, y a hacer cada vez más cosas, ha llevado a que muchas personas un día se detengan y se den cuenta que el hecho de trabajar mucho, viajar mucho, o llenar toda la agenda de actividades, les impide disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, del placer de la compañía de los demás, o de poder saborear una buena comida. Aunque de hecho, según explica Carl Honoré en el libro «Elogio de la lentitud», esta queja contra la tiranía del tiempo es tan antigua como los primeros relojes.

En dicho libro, Carl Honoré, relaciona los diferentes movimientos y campañas que se están llevando a cabo en todo el mundo para vivir de otra manera. De una manera en que no niega los beneficios de la velocidad, ni de la tecnología, porque realmente son necesarias, pero en que se manifiesta contra la tiranía de la rapidez, la satisfacción inmediata y efímera, y a menudo poco o nada respetuosa con el medio ambiente. Movimientos como el Slow food, las Cittaslow, el SlowShop, el ejercicio lento o el sexo lento, son algunos de los ejemplos de esta voluntad de calmar el ritmo frenético que rodea el conjunto de la sociedad. El libro se publicó hace más de 15 años, y parece evidente que la filosofía de la lentitud ha ido calando entre nosotros, tanto a nivel particular como colectivo.

El Slow Food fue el movimiento pionero de esta nueva tendencia que pide calma, y ​​que se generó como contraposición al primer establecimiento de comida rápida que se abrió en Italia. El Slow Food presente en 160 países y con más de 100.000 asociados, promueve una gastronomía más sostenible y arraigada en el territorio. Defensa el placer de comer y el derecho a disfrutar de alimentos buenos, limpios y justos, obtenidos teniendo en cuenta el equilibrio del planeta, la biodiversidad y el compromiso ético con los productores. Desde el año 2005, funciona el Convivium Slow Food Barcelona Vázquez Montalbán, una asociación sin ánimo de lucro que apuesta por transmitir los valores del movimiento a todo el conjunto de la población de Barcelona y los colectivos más vinculados con la producción de comida.

El movimiento Cittaslow, ciudades lentas, que también se inició en Italia y se ha extendido por todo el mundo, aplica la misma filosofía de respeto por el entorno y la idiosincrasia de cada ciudad o pueblo, mejorando la calidad de vida, apoyando la diversidad cultural, huyendo de la homogeneización. Begues, Begur, o Pals son algunos de los ejemplos de villas lentas que tenemos cerca.

Una de las experiencias del movimiento lento, que nos es próxima y ya cuenta con cierto bagaje, es el SlowShop Lleida, una asociación de comercios y servicios que tiene como objetivos fomentar el comercio de proximidad, la sostenibilidad económica de la ciudad de Lleida, la humanización de los barrios, y la creación de lazos entre las comunidades y sinergias entre los comercios.

Las políticas públicas del tiempo, como las promovidas desde el Pacto del Tiempo de Barcelona, ​​comparten esta sensibilidad, la del respeto de los diferentes usos del tiempo, para tener una vida más igualitaria, saludable y eficiente. Y encajan perfectamente con la filosofía de la vida lenta que promueve Carl Honoré. Es por tanto, desde esta experiencia y liderazgo, que forma parte del Experto Lab de la Barcelona Time Use Inititive for a Healthy Society, entidad que organiza la International Time Use Week 2020 y 2021 junto con el Ayuntamiento de Barcelona, ​​la Diputación de Barcelona y la Generalitat de Catalunya y donde participarán más de 300 investigadores, personalidades políticas, activistas y organizaciones sobre los usos del tiempo de todo el mundo.

El actual contexto de excepcionalidad derivada de la pandemia de la COVID19, ha obligado a muchas personas a cambiar la perspectiva, a reducir el ritmo y las distancias, y supone una oportunidad para reflexionar, ante tantas incertidumbres, qué tipo de relación queremos tener con el tiempo y sus diferentes usos.