El desordre ordinari

El desordren ordinario

Comisariado por Eloy Fernández Porta

Una cultura común, construida a partir de las vivencias cotidianas y articulada con los vínculos personales y afectivos de la consuetud: esta idea, enunciada por primera vez por Raymond Williams, ha estado en la base de numerosas inflexiones en el conocimiento y en sus prácticas, desde el marxismo hasta las nuevas tecnologías, pasando por los estudios culturales. No obstante, en los últimos tiempos parece que la antigua celebración del fenómeno de compartir como tal ha sido sustituida por una mirada crítica hacia los principios y normativas que rigen tales experiencias. Unos principios que no siempre son manifiestos: más bien aparecen como leyes no escritas, elaboradas por los ciudadanos —es decir, por los consumidores—, que fijan y sancionan las formas de participación en el colectivo, sus hábitos y modalidades expresivas.

            El desorden ordinario es la paradoja que resume esta condición, distintiva de la época del háztelo tú mismo, de la vigilancia recíproca por Smartphone y del espionaje horizontal. Una de las definiciones de «cultura» más presentes en el imaginario colectivo es la de «costumbre». Los acontecimientos habituales se desarrollan en un punto de encuentro entre la experiencia analógica y la digital: entre la materialidad y las interfaces. Es, también, un punto de fricción en el que se solapan prácticas y discursos procedentes de diversas fases históricas del capital —la fase industrial, la productiva, la emocional.

Con el fin de hacer justicia a estos fenómenos será necesaria una perspectiva plural, en la que las herramientas de la crítica cultural se renueven para abordar la experiencia compartida como «caso de estudio» y como «problema conceptual». Así, como explican dos de los participantes en el programa, «el utillaje semiótico, urbanístico, periodístico o antropológico resulta idóneo para examinar con los ojos bien abiertos lo ordinario, lo banal, lo cotidiano, lo popular, lo habllado, lo que está allí fuera, en la ciudad» [Mariano de Santa Ana]. Porque lo que una vez denominamos pop no es sino «el ruido que hace la caja cuando salta la tapa». [Laurent De Sutter].