De la época romana al tercer milenio

Los primeros documentos escritos relativos a los mercados de Barcelona datan de finales del siglo X, aunque su origen podría ser anterior.

La actividad comercial de Barcelona desde la época romana ha sido intensa, gracias a la situación privilegiada de la ciudad, abierta al Mediterráneo, con un acceso marítimo fácil y en confluencia con diferentes vías naturales que penetran hacia el interior de Cataluña.

Desde aquí, se manufacturaban productos de lujo y se daba salida a gran parte del excedente agrícola. De esta manera, Barcelona se convirtió en el principal centro económico y político del territorio catalán.

El primer mercado

El primer mercado abierto se organizó al otro lado de la muralla romana, sobre el emplazamiento de la actual plaza del Àngel. A su alrededor creció un barrio mercante formado por pequeños puestos y tiendas especializadas, talleres o almacenes que fueron aumentando a lo largo de los siglos posteriores.
La ciudad se dotó de otros mercados, que o bien aparecieron en lugares estratégicos donde la actividad comercial era más fuerte, como el Born, o bien en espacios no construidos generalmente situados extramuros, como es el caso de la Boqueria.
La evolución de estas plazas de mercado experimentó un gran cambio desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Por una parte, se culminó un proceso de especialización y sedentarismo. De la otra, los intermediarios fueron consiguiendo una importancia creciente, hecho que provocó que los pequeños productores fueran quedando relegados a un segundo plano.

Aumento del número de productos

De la misma manera, la mejora de los medios de transporte de las mercancías, junto con el crecimiento de la población, hicieron posible el aumento del número de productos y las posibilidades de elección.

De este modo, se llegó a un periodo de transición que comportó un nuevo concepto del mercado en Cataluña, definido como un emplazamiento reservado y cubierto.