Entre el parque Central de Nou Barris y el del Turó de la Peira se encuentra el barrio de Can Peguera. En medio de los bloques de edificios de los barrios contiguos y de vías principales como el paseo de Fabra i Puig o el paseo de Valldaura, Can Peguera representa un oasis de calma. Su nombre proviene de una antigua masía donde fabricaban cola. “Somos un pequeño pueblo dentro de una gran ciudad”, detalla el presidente de la asociación de vecinas y vecinos, Pep Ortiz. Este estilo de vida ha podido sobrevivir gracias a la movilización llevada a cabo por los vecinos y las vecinas para exigir la conservación de las casas baratas.

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Hacer vida en la calle es común en Can Peguera

Preservar la historia

El vecindario del barrio respiró tranquilo cuando el Ayuntamiento aseguró que no derribaría las hileras de casas bajas que predominan en Can Peguera. Ahora, el siguiente paso es rehabilitarlas y adecuar el espacio público. Las viviendas fueron construidas en 1929 con la idea de que fueran de corta duración, pero casi cien años después, las casas siguen siendo utilizadas y hay que mejorarlas porque los tabiques son muy delgados y tienen problemas de humedad, explica Ortiz, y añade que el objetivo es que “la gente pueda seguir viviendo en estas casas durante mucho tiempo”.

 

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La asociación de vecinas y vecinos

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Las “casas baratas”

“Llegué al barrio en 1962 y, desde entonces, he estado como en casa; además, disfrutamos de dos parques geniales al lado”, explica la vecina Maria Rosa Masdéu. Este buen ambiente es general, y es que “la vida en la calle es lo más común, salimos a jugar a las cartas por la tarde y nos conocemos todos”, sigue Masdéu. Para mantener esta actividad, la renovación urbanística incluye un pasaje que conecte los principales casales del barrio y eliminar los obstáculos de la acera para, así, hacer de los peatones los protagonistas de la calle. “El pasado y la historia han marcado siempre al vecindario y por eso hay este arraigo tan fuerte”, argumenta Pep Ortiz.

 

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“El pasado y la historia marcan a sus vecinos y, al mismo tiempo, marcan cómo se tiene que luchar en un futuro”.

Pep Ortiz, presidente de la AVV

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“Aquí me he casado, he vivido con mi marido y he tenido a mis hijos. No cambiaría por nada Can Peguera”.

Maria Rosa Masdéu, Casal Gent Gran Can Peguera

Gran concentración de asociacionismo

A pesar de ser uno de los barrios más pequeños de la ciudad, el movimiento asociativo es muy fuerte. Uno de sus ejes principales es el casal de barrio La Cosa Nostra. El centro funciona como “una entidad de segundo grado”, tal como describen desde el casal. Eso significa que está integrada por otros proyectos del barrio como la asociación de vecinas y vecinos, el grupo de mujeres o la Asociación Juvenil Tronada. Desde La Cosa Nostra se articulan varios proyectos comunes para “absorber las diferentes miradas de los colectivos para hacer un trabajo transversal”, explican.

 

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Casal de barrio La Cosa Nostra

Con la integración como objetivo principal, se ofrecen diferentes talleres, tanto profesionales como de voluntariado, asesoramiento laboral y proyectos solidarios, como la recogida de ropa. En esta base de implicación con el barrio, tiene un papel muy importante la Asociación Juvenil Tronada. Sònia Barrera, miembro de la entidad, explica: “Trabajamos con niños de los 4 a los 16 años, divididos en tres proyectos de entre semana y fin de semana”. Y añade: “Ahora queremos abrir un espacio familiar para niños de los 0 a los 3 años”. El objetivo de Tronada, centro abierto desde 1993, más allá de ser un espacio de ocio y para hacer los deberes, relata Barrera, “es ofrecer un trabajo de forma global con familias y tutores”.

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“Tronada no es solo un esplai, sino tejer una red para satisfacer las necesidades en todos los ámbitos”.

Sònia Barrera, Associación Juvenil Tronada

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Associación Can Ensenya

Pocos, pero muy implicados

De raíces humildes y con una historia reivindicativa, Can Peguera disfruta de una salud asociativa muy fuerte. Sònia Barrera, del esplai Tronada, argumenta: “Precisamente por las necesidades sociales que existen, nace un movimiento solidario muy fuerte en el barrio”. Aparte de los casales, también hay dos proyectos vinculados a las personas con discapacidad. Son los centros de Can Ensenya, que trabaja con personas con discapacidad intelectual, y la Asociación Sociocultural Matisos, que defiende los derechos de las personas con trastorno mental y lucha por su inclusión social.

El vecindario está muy implicado, y en esta línea también trabaja la parroquia del barrio de Sant Francesc Xavier. Manuel Pérez, su rector desde el 2012, explica: “La lucha contra la pobreza es el principal objetivo”, por eso están vinculados al Banco de Alimentos y se reparten a casi cien familias de Can Peguera.

“Si me imagino el barrio en un futuro, quiero que mantenga el carácter solidario y de fraternidad que ha tenido desde los años treinta hasta la actualidad”, explica el presidente de la asociación de vecinos, Pep Ortiz. Mantener el proyecto urbanístico y las casas baratas “es primordial para mantener la vida de barrio”, continúa. En esta línea, acaba detallando la vecina Milagros Roqueta, “en los más de sesenta años que llevo en Can Peguera, lo he visto evolucionar de todas maneras, pero lo más importante es mantener su esencia”, para que así “los más jóvenes puedan seguir con este estilo de vida tan próximo”.

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“La parroquia no es independiente, está muy vinculada a La Cosa Nostra y trabaja junto al vecindario”.

Manuel Pérez, padre de la parróquia

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Actividad en el casal de gent gran