Jean-Louis Missika: “La mayoría de la población entiende que hay un problema de contaminación muy grave en París”

Entrevistamos a Jean-Louis Missika (Argel, 1951), teniente de alcalde de la ciudad de París. Missika ha visitado recientemente Barcelona para participar en el ciclo de conferencias “Miradas a la movilidad sostenible”, donde explicó las iniciativas de la capital francesa para mejorar la calidad del aire, promover el transporte público y recuperar el espacio público para los peatones.

– ¿Cuáles son las principales acciones del Gobierno municipal para luchar contra la contaminación atmosférica?

Nos centramos principalmente en disminuir la circulación de automóviles en la ciudad, ampliando el espacio para peatones y ciclistas, y en mejorar el rendimiento de los vehículos con respecto a sus emisiones.

El objetivo es que en 2020 no haya más autorizaciones de vehículos diésel en París, y que en 2025 desaparezca por completo el diésel en los transportes públicos, los vehículos privados y los vehículos profesionales. Esta eliminación del diésel va acompañada de una serie de ayudas y facilidades para pasar al vehículo eléctrico, a la energía limpia. Queremos que el vehículo eléctrico se convierta en el vehículo principal de París en 2025, y para hacerlo ampliaremos los puntos de recarga, siguiendo los modelos de Autolib y Vélib.

– ¿Y con respecto a potenciar la red de transporte público?

Está la voluntad de mejorar lo que tenemos ahora: el RER y el metro, seguir con el desarrollo del tranvía y aumentar la conectividad con el área metropolitana, el Grand Paris, al que destinaremos mucho dinero.

También para promocionar la bicicleta, la idea es doblar los kilómetros de carriles bici en la ciudad: pasaremos de los 700 kilómetros actuales a 1.400.

– ¿Qué medidas se han tomado para animar a los ciudadanos a utilizar el transporte público?

Ahora el abono Navigo tiene un precio único para toda la metrópoli, con lo que ha aumentado mucho el uso del transporte público entre las personas de la periferia, porque antes estaba a un precio demasiado elevado. Por eso hemos pedido un pequeño sacrificio a quienes viven en el centro de la ciudad, con el fin de garantizar un acceso más fácil al transporte público a aquellos que viven más lejos.

Además, clasificamos los vehículos privados con unos adhesivos según sus emisiones, y en los días de más contaminación se prohíbe circular a aquellos vehículos más perjudiciales.

Pero esta medida también va acompañada de la creación de un abono especial para esos días, en los que, por el precio de dos billetes de metro, se tiene acceso a todo el sistema de transporte de la ciudad.

– ¿Cómo han aceptado los conductores la reducción del espacio dedicado al automóvil y las restricciones de vehículos?

Los conductores se lo han tomado mal. Hubo mucha polémica cuando ahora ya hace nueve meses prohibimos la circulación de vehículos en la orilla derecha del Sena.

Aunque haya habido mucha protesta, creo que esta experiencia ha sido provechosa, y la mayoría de la población entiende que hay un problema de contaminación muy grave en París y que hemos de tomar medidas para reducir los picos de contaminación.

– Conociendo las políticas de movilidad de Barcelona, ¿qué cree que se podría exportar a París?

En el tema de compartir vehículos, aquí en Barcelona hay muchas iniciativas que provienen de la sociedad civil, en París, en cambio, la mayoría de ideas para compartir provienen del Ayuntamiento. Y eso es algo muy interesante, y demuestra que tenéis un tejido asociativo muy sensibilizado.

También los carriles bici de Barcelona y cómo se van ampliando son una inspiración para nosotros. La red de transporte público que tenéis en la ciudad es envidiable, y el sistema de taxis es muy bueno, y ha conseguido luchar contra Uber.

– Y al revés, ¿qué cree que Barcelona podría copiar de París?

Las políticas que sacamos adelante en las dos ciudades son muy parecidas: la promoción de la bicicleta, la prioridad de los autobuses y taxis ante el vehículo privado, etc. Aunque ciertamente aquí aún no hay una política tan fuerte como la nuestra para disminuir las emisiones de los vehículos de diésel, también porque el nivel de contaminación no es tan alto.

Creo que lo que se podría hacer en Barcelona es estudiar sistemas para compartir vehículo, como nosotros, que tenemos Autolib. También falta acabar de desarrollar del todo vuestro sistema de bicicletas a demanda, el Bicing, que en París lo tenemos más extendido. En París también tenemos CityScoot, una iniciativa privada de demanda de scootersPosiblemente lo que falta en Barcelona, pues, es profundizar más en esta idea de compartir coche, bicicleta o scooter.

– ¿Conoce el sistema de las superislas? ¿Se podría adaptar a París?

Es un proyecto muy interesante. El Plan Cerdà permite hacerlo mejor en Barcelona que en París, donde es más complicado de llevar a cabo por la distribución de las islas.

En esta línea, nosotros tenemos un sistema de vías pacificadas, donde los coches no pueden pasar de los 20 km/h y son los peatones y las bicicletas los que tienen prioridad.

– ¿Qué opina de la voluntad del Ayuntamiento de Barcelona de unir las dos redes de tranvía?

Creo que es lógico que el tranvía se una. No es solo un medio de transporte más, es una manera de pacificar la circulación, de crear urbanidad y de transformar profundamente el paisaje urbano. Creo que, con el tranvía, la Diagonal se transformará en el buen sentido.