María García: "Respirar es un derecho humano"

Nació en Guadalajara, pero vivió en Madrid hasta que acabó sus estudios en Ingeniería Forestal. Los primeros ecologistas que conoció fueron los campesinos e indígenas de Costa Rica, con quien trabajó durante un año en un proyecto agroforestal.

“Estamos viviendo una crisis social, económica y ecológica.”

¿Cuál es tu trayectoria?

Trabajé en Intermón Oxfam, como responsable de proyectos en diversos países de América del Sur y después en Holanda. Al volver a Barcelona trabajé en temas de derechos humanos y soberanía alimentaria con el Observatorio DESC y ahora estoy en Ecologistas en acción. La crisis ecológica está en la base de las múltiples crisis que afectan a la humanidad.

¿De qué trabajas actualmente?

Trabajo en el área de contaminación de Ecologistas en acción, muy implicada en la Plataforma per la Qualitat de l’Aire. También estoy en el proyecto Captor, un proyecto europeo donde colabora el CSIC y la UPC sobre la contaminación por ozono troposférico.

¿Qué acciones lleváis a cabo en Ecologistas en acción? ¿Provocáis cambios en la sociedad?

Trabajamos en diferentes áreas como energía, residuos, contaminación y transporte, área marina, agua y globalización. Ecologistas en acción participa en redes locales, europeas e internacionales. Somos conscientes de que la fuerza recae en sumarnos con otras entidades.

Hay cambios a costa de mucha movilización. No buscamos resultados rápidos ya que es una lucha de fondo, y lamentablemente, estamos perdiendo. No con la ciudadanía que cada vez es más consciente de los retos urgentes que hay que abordar sino con las políticas actuales. Pero eso no nos detiene, es cuestión de pensar que lo que estamos haciendo, aunque sea insignificante, es muy necesario.

¿Qué medidas propone la Plataforma per la Qualitat de l’Aire?

Nuestro objetivo es articular propuestas desde las entidades que luchan contra la contaminación del aire para generar cambios políticos. Eso significa concienciar a la población a través de campañas y presentar propuestas a legisladores y gobiernos.

Una de nuestras campañas es Menos coches, más salud, en la cual explicamos las falsas soluciones que se están aplicando a Barcelona y proponemos dos medidas que funcionan en más de 230 ciudades europeas. No hay ningún otro camino, para reducir la contaminación, hay que reducir el uso habitual del coche dificultando su circulación con excepciones por los que lo necesitan, como pueden ser personas con movilidad reducida, transportistas o los servicios colectivos como el taxi y los buses. Una de las medidas es el peaje de congestión, que consiste en pagar una tasa diaria para conducir dentro de la ciudad beneficiando el uso del transporte público. La otra medida es la creación de una Zona de bajas emisiones de restricción de los más contaminantes, en general los diésels.

¿Cómo afecta a la contaminación del aire en nuestra salud?

Es el principal problema de salud pública de la ciudad. Genera 3.500 muertos prematuras y múltiples enfermedades al año en el Área Metropolitana de Barcelona. Además, tiene un coste de 6.400 millones de euros al año en gasto sanitario en Cataluña.

Los gases y las partículas más pequeñas que respiramos pueden llegar al sistema sanguíneo, por lo tanto, la contaminación tiene afectaciones al sistema respiratorio, al sistema cardiovascular y al neurológico. Se ha demostrado que la contaminación atmosférica tiene una incidencia clara con el cáncer.

¿El Ayuntamiento de Barcelona está aplicando las medidas necesarias para luchar contra la contaminación del aire en la ciudad?

No, sólo hay que ver los datos. Incumplimos los límites legales que obliga Europa, más laxos que los que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Ha mejorado la coordinación entre el Ayuntamiento de Barcelona, el Área Metropolitana y la Generalitat de Catalunya, pero sólo para continuar con políticas no eficaces como las que apuntan a la renovación del parque de vehículos. Barcelona tiene la densidad más alta de vehículos por km2 de Europa y cualquier solución pasa por su reducción (30% para cumplir los valores legales), no por cambiar de coche. Donde sí se ha adelantado es en concienciar a la población con campañas informativas, aquí sí se ha hecho mucho trabajo, pero las medidas que se están impulsando son demasiado tímidas para provocar cambios en la escala del problema.

Uno de los ejemplos es la Zona de Baja Emisión en el ámbito de las Rondas de Barcelona, que estará operativa a partir de diciembre. Ésta es una medida largamente reclamada por la Plataforma per la Qualitat de l’Aire pero que sólo aplicará en caso de episodio, cuando el problema de Barcelona no es puntual sino que se da a lo largo de todo el año. Por eso pedimos que sea permanente y que la restricción de los vehículos se determine en función de los mínimos legales, objetivo que el nuevo sistema de etiquetas no cumple. Restringir a los vehículos no etiquetados más antiguos afecta sólo a un 20% aproximadamente del parque móvil y no tiene en cuenta el fraude diésel, con modelos nuevos altamente contaminantes.

Respecto a los proyectos del tranvía por la Diagonal y la reforma de la Meridiana, pedimos más celeridad, ya que son proyectos que se han alargado demasiado en el tiempo.

¿Y qué pasa con la contaminación proveniente del puerto?

El puerto es el segundo emisor de contaminación en la ciudad. El combustible que utilizan los barcos es altamente contaminante, además, los cruceros siguen quemando combustible a pesar de estar amarrados. La Plataforma por la Calidad del Aire propone que los barcos cambien de combustible por uno más limpio como se obliga en los puertos europeos del Mar del Norte y del Báltico y que se conecten a la red eléctrica cuando estén amarrados. También se tiene que limitar el crecimiento del puerto y por eso hemos impulsado una campaña junto con otros colectivos para frenar la nueva terminal que el Puerto, de titularidad estatal, quiere construir. Los Ayuntamientos de Barcelona y El Prat de Llobregat también están en contra de la nueva terminal.

¿La solución es una Barcelona sin coches o de coche eléctrico?

El coche eléctrico es una de las falsas panaceas para no cambiar el modelo actual dominado por el coche y derivar fondos públicos a la compra de vehículos privados. Es una tecnología costosa y sólo se la pueden permitir aquéllos que tienen más ingresos. Las emisiones se trasladan al foco de producción de electricidad (centrales nucleares, térmicas…). El 30% de partículas en suspensión se generan por los rodamientos de los neumáticos y al frenar, por lo tanto el coche eléctrico también genera contaminación. Por último, no resuelve el problema de la ocupación de espacio público del coche, un 65% aproximadamente, uno de los principales obstáculos para impulsar los modos de movilidad más sostenibles (peatón, bicicleta y transporte público en superficie).

Se tiene que priorizar la electrificación del transporte público y los servicios colectivos.

¿Regulaciones o concienciación para conseguir un aire limpio para todo el territorio?

Sin regulación no hay una concienciación efectiva. Las políticas transformadoras son las que consiguen cambiar la cultura de la necesidad del coche.

¿Cuáles son tus pasiones?

El activismo y la montaña.

 

La Fábrica del Sol hemos colaborado con la Plataforma por la Calidad del Aire y otras entidades en la Semana Europea de la Movilidad Sostenible y Segura.

 

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