Al lado de la orilla del río Besòs respira un barrio hecho en las calles, con poco tráfico y mucha vida propia: el Bon Pastor, en el distrito de Sant Andreu. Los 15.000 habitantes que viven allí han forjado una personalidad propia mirando directamente a los ojos a las adversidades y dificultades que ha presentado la historia, como la Guerra Civil Española o la crisis económica. Son obstáculos que, lejos de dividir a la población, la ha fortalecido hasta el punto de que el vecindario siente el barrio como si fuera un pueblo: “En el barrio nos conocemos todos: la mayoría llevamos un montón de años establecidos”, explica Paquita Delgado, presidenta de la Asociación de Vecinas y Vecinos del Bon Pastor.

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Parque de la Maquinista

Un pueblo dentro de la metrópoli

El siglo XIX y la industrialización de Barcelona fueron los encargados de revolucionar el barrio, de la mano de La Maquinista Terrestre i Marítima. Con este estallido se hizo necesaria la construcción de zonas residenciales: a partir de 1925 se edificaron 784 hogares para 3.000 personas. Era el grupo de viviendas de Milans del Bosc, conocido como las Cases Barates, una estructura urbanística en planta baja que daría lugar a una comunidad de puertas abiertas.

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Imagen antigua de las "casas baratas"

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Una de las "casas baratas", en la actualidad

Estas construcciones se vieron resentidas por el paso de los años debido a la escasa inversión inicial: “Lo recordamos con nostalgia, pero mirando hacia atrás es evidente que vivíamos en miseria”, explica Antonio Soler, vecino de esta zona. Por este motivo, a principios de 2002 empezó su remodelación, coordinada por la Administración pública, y todavía vigente. Se optó por demolerlas y partir de cero con bloques de pisos, aunque una parte del vecindario reclamaba que se pudiera elegir entre rehabilitar o marcharse a un piso.

En la transformación es palpable la disminución del uso del espacio público, que anteriormente era un punto fijo de convivencia y donde incluso se organizaba alguna comida. El exvecino del barrio y doctor en Antropología Stefano Portelli le atribuye un cambio en el comportamiento del vecindario: “Ha muerto una parte de la forma de vida, hacia modos de vida desconocidos”. Sin embargo, añade que “en el futuro puede ser que los habitantes vuelvan a crear nuevas maneras de convivir como las del pasado”. Para paliar el cambio, se mantendrá una isla de casas a fin de preservar la herencia arquitectónica y cultural, con la colaboración del Museo de Historia de Barcelona y la Universidad de Barcelona.

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Parroquia del Buen Pastor

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Plaza de Mosén Joan Cortinas

Calles de música y fútbol

Las comunidades arraigadas al barrio –entre las que destacan la gitana y la ecuatoriana han hecho todo lo posible por mezclarse entre ellas y asegurar un dinamismo de los espacios públicos que es difícil de ver en otras partes. La música es un pilar de la vida cotidiana, hasta el punto de que en sus calles han nacido grupos emblemáticos como Rumba Tres. Pero no es el único arte que se ha cultivado: destaca la literatura, con el escritor Jorge Larena, o la interpretación, con José Adell el Cheche. La entidad Bon Viver de les Arts se sitúa al frente del fomento de la cultura en el barrio y promueve el intercambio de actividades entre entidades y la ciudadanía del Bon Pastor, la Trinitat Vella y Baró de Viver. Jana Méndez, vocal del proyecto, explica que “la finalidad es unir todo el distrito al proyecto a largo plazo y enriquecer así las fiestas mayores”.

El fútbol y el baloncesto tienen el protagonismo del tiempo libre. El AE Bon Pastor ha tomado el relevo del fútbol de calle, que ha visto crecer a jugadores como Sergio García, del RCD Espanyol.

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Casal de gente mayor del Bon Pastor

El fin del aislamiento del Bon Pastor

“Me gusta que nos integremos en la modernidad, pero quiero que la juventud sea consciente de toda la lucha que hay detrás y de lo que representan los cambios”, reclama Antonio Soler en relación con el poder del tejido asociativo. Antonio se refiere a la transformación del barrio. Las líneas del metro L9 y L10, en el barrio desde 2010, son el servicio estrella; han permitido la movilidad hacia el área metropolitana. “Antes teníamos que ir por cualquier cosa a Sant Andreu, pero ahora estamos bien comunicados con el metro” explica satisfecha Estefania Rodríguez, nacida en el barrio.

La reciente renovación de equipamientos como la biblioteca y el centro cívico ha beneficiado al tejido asociativo del barrio: muchas entidades encuentran en ellos un local de reunión. Se conjugan con la oferta educativa formada por el renovado instituto escuela El Til•ler, la escuela La Maquinista, que está luchando por deshacerse de los barracones, y la escuela Cristòfol Colom, pendiente de cambios según prevé el Plan de barrios.

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Biblioteca Bon Pastor

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Plaza de Robert Gerhard

La herencia industrial, un orgullo

A finales de los años sesenta, el barrio volvió a concentrar buena parte de la potencia industrial y dio lugar al Polígono Industrial del Besòs. Actualmente, los esfuerzos se concentran en la apuesta por nuevas tecnologías e industrias no contaminantes en este espacio y en la separación de esta zona del núcleo residencial. “No queremos perder el polígono, pero estamos trabajando en su ordenación”, explica Paquita Delgado. “Es un barrio orgulloso de su herencia industrial y su magia”, comenta el vecino Luís Fernández. Por este motivo, el objetivo es equilibrar el choque entre la tradición obrera y el centro La Maquinista, acoplando el barrio a la dinámica de la ciudad pero garantizando su propia personalidad.

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Escaleras ante el Centro cívico Bon Pastor

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Centro comercial La Maquinista