Edificios altos en grandes avenidas combinados con casitas históricas de dos plantas en calles estrechas, plazas teñidas de teatro y música y un sentimiento de pueblo que es difícil de ver en otras zonas de la ciudad hacen de Sant Andreu de Palomar un lugar con personalidad propia.

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La plaza de Orfila con la parroquia de Sant Andreu de Palomar al fondo

La calle Gran de Sant Andreu, eje vertebrador del antiguo municipio y del actual barrio, ha sido testigo de todos los cambios que causa el paso de mil años

El “pueblo” de Sant Andreu, tal como lo conocen sus habitantes, es el segundo barrio más habitado de la ciudad después de la Nova Esquerra de l’Eixample, pero ello no impide una buena convivencia en el vecindario, fruto del paso de los años y el fuerte tejido asociativo que se desarrolla en este.

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La calle Gran de Sant Andreu

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La rambla de Fabra i Puig

Principal testigo del cambio de la ciudad

La vida en la antigua villa de Sant Andreu se extendía desde el Besòs hasta Collserola y desde Montcada i Reixac hasta Sant Martí de Provençals. La calle Gran de Sant Andreu, eje vertebrador del antiguo municipio y del actual barrio, ha sido testigo de todos los cambios que causa el paso de mil años por un sitio: ha sido vía romana y camino real y, actualmente, es calle mayor. El paso del tiempo también ha dejado grandes contrastes: las calles de Sant Andreu han visto nacer la guerra de los Segadores, pero también puede encontrarse un edificio propio de la arquitectura racionalista de las vanguardias artísticas del siglo pasado, la Casa Bloc.

Estos acontecimientos han forjado una personalidad propia a los ciudadanos y ciudadanas que viven en el barrio; primero, formaban parte de un municipio autónomo fuera de las murallas barcelonesas, pero en 1897 quedaron integrados en la gran metrópoli. Es un cambio que, aunque los que lo vivieron ya no están, todavía está muy presente: “Hay discusiones de bar sobre la anexión del pueblo a la ciudad”, explica David García, periodista y fundador del medio L’Exprés de Sant Andreu.

Buena parte de las instalaciones industriales que todavía quedan en pie, como es el caso de Fabra i Coats, se han rehabilitado para usos administrativos, culturales y escolares

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La Fabra i Coats durante una Fira de Consum Responsable

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La plaza del Mercadal

La industria, instalada a partir del siglo XIX, acercó a empresas tan emblemáticas como Pegaso, Fábrica Nacional de Colorantes, La Algodonera o Fabra i Coats. Actualmente se ha vuelto icónica, y buena parte de las instalaciones industriales que todavía quedan en pie, como es el caso de Fabra i Coats, se han rehabilitado para usos administrativos, culturales y escolares, en la mayoría de los casos. Para conservar tanto esta herencia industrial como el pasado como pueblo independiente, está prevista la creación de un centro de interpretación de la historia de Sant Andreu, en el que se pondrá énfasis en el Rec Comtal, que fomentó la aparición de un núcleo primigenio gracias a la agricultura.

Sant Andreu es cultura

El barrio tiene una vida asociativa viva y rica, impulsada por un arraigo muy marcado de las tradiciones, la cultura y la fiesta mayor. Entidades históricas como el Centro Cultural Els Catalanistes (1866) o La Lira (1870) y otras con menos historia como La Lírica (2006) se dedican al fomento del teatro, algo que se puede percibir en el gran número de salas populares que se llenan semanalmente, pero también del baile, la zarzuela e, incluso, la ópera. “Siempre se ha hecho mucho teatro y danza aquí; siempre conoces a alguien que hace pastorets, canto...”, explica orgulloso Marc Calvo, miembro de la compañía de teatro La Lírica. Más allá del teatro, buena parte de la cultura tradicional del barrio se deja ver con el gran número de agrupamientos escultistas que hay en el barrio, como el Agrupament Escolta Jaume I o el Centro de Esplai Sant Pacià, donde participan un gran número de niños y jóvenes. Por otra parte, grandes equipamientos como Fabra i Coats, Can Portabella y L’Harmonia se han transformado en iconos de la innovación artística y cultural del barrio y gestionan, algunos de manera pública y de otros de forma privada, toda esta riqueza cultural.

La fiesta mayor, que se celebra a finales de noviembre, es la última de la ciudad. El Esclat Andreuenc marca el inicio

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“La Sant Andreu Jazz Band está muy vinculada al barrio; organiza el festival de jazz Jazzing Festival en las calles”.

Joan Chamorro, director de la Sant Andreu Jazz Band, con unos alumnos

La Escuela Municipal de Música y la Sant Andreu Jazz Band abanderan las actividades musicales de un lugar donde mucha gente lleva un instrumento colgado a la espalda. “Se ha generado un gran interés por la Sant Andreu Jazz Band porque la integran personas jóvenes; el resultado es vistoso y está muy integrada en el barrio con diferentes actividades”, explica el director y fundador de la famosa formación, Joan Chamorro. Es un proyecto que aporta formación musical, hasta el punto de que algunas vecinas de la talla de Andrea Motis o Rita Pagès han conseguido desarrollar una carrera en solitario.

La fiesta mayor, que se celebra a finales de noviembre, es la última de la ciudad. El Esclat Andreuenc marca el inicio: es una muestra de la cultura popular del barrio con la participación de los gigantes, los trabucaires y los diables. Y, aunque la cultura ocupa gran parte del ocio de la población de Sant Andreu, el deporte la sigue de cerca como actividad dinamizadora de la vida cotidiana. Cada fin de semana, clubes tan destacados como el Club Natació Sant Andreu o la Unió Esportiva Sant Andreu hacen las delicias de centenares de aficionados y aficionadas.

Sant Andreu de Palomar vive una época de cambios. La metamorfosis definitiva acabará cuando se construya la estación de alta velocidad de la Sagrera

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El objetivo de Sant Andreu de Palomar es convertirse en un centro cultural y administrativo importante para la ciudad”.

Santi Serra, presidente de la Asociación de Vecinos de Sant Andreu de Palomar

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Los jardines de la Casa Bloc

Trabajando para ser el corazón de la ciudad

Sant Andreu de Palomar vive una época de cambios: desde la reurbanización de un gran eje de comunicación, como la avenida Meridiana, hasta la pacificación de la calle Gran de Sant Andreu, para que los vecinos y vecinas puedan pasear tranquilos. “Queremos una calle mayor viva, donde los vecinos puedan intercambiar miradas y charlar”, explica Santi Serra, presidente de la Asociación de Vecinos y Vecinas de Sant Andreu de Palomar. Este eje, junto con la rambla del Onze de Setembre, son “los puntales de la vida comercial, de la restauración y de las entidades sociales”, tal como comenta David García, y, por este motivo, los esfuerzos de la Administración se centran en hacer que estén totalmente habilitados para estos usos. El aspecto comercial queda todavía más redondo con la rehabilitación del mercado del barrio en la plaza del Mercadal, y con la instalación del Instituto Municipal de Mercados de la ciudad en Fabra i Coats.

La metamorfosis definitiva acabará cuando se construya la estación de alta velocidad de la Sagrera. “Lo importante es resolver la cuestión del tren; el barrio está dividido en dos zonas”, comenta Cristina Hugi, dinamizadora de la Asociación de Comerciantes Onze de Setembre, con relación a la zona de vías. Esta infraestructura también afecta directamente a la construcción definitiva de la estación de tren de Sant Andreu Comtal. “Se han separado las modificaciones de la estación de las obras de la Sagrera para desencallar la situación”, apunta Santi Serra, con relación a esta infraestructura. El impulso del comercio, la mejora de las comunicaciones terrestres y la creación de grandes centros culturales y artísticos tienen un objetivo común: permitir que el barrio se convierta en el corazón cultural, administrativo y de las comunicaciones terrestres de Barcelona.

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La Parroquia de Sant Andreu de Palomar vista des la plaza de la Estació, al atardecer

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La estación de Sant Andreu Comtal, al atardecer