En uno de los corazones de las comunicaciones terrestres de Barcelona, el nudo de la Trinitat, nace el barrio que ve salir el sol de la ciudad antes que ningún otro. Es Baró de Viver, un núcleo entre el río Besòs, Santa Coloma de Gramenet y el Bon Pastor donde el café se sirve en vaso de cristal, los niños y niñas juegan en la calle y todo el mundo se conoce.

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Llosa de Baró de Viver durante la fiesta mayor

Las cerca de 2.500 personas que viven en este barrio lo hacen tranquilas, en una zona que desconoce la agitación del centro, hasta el punto de que no hay oficina bancaria ni estanco, pero bien comunicada gracias a la red de transportes públicos. “Aquí se está bien, pero tenemos pocas comodidades, para cualquier cosa tenemos que desplazarnos”, explica Manoli Villalba, vecina del barrio y presidenta del Centro Cultural Andaluz de Baró de Viver.

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El Parque Fluvial del Besòs

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El Parque Deportivo Urbano de Baró de Viver

Herederos y herederas de las Cases Barates

Con cien años de historia, Baró de Viver presume de ser uno de los barrios más nuevos de la ciudad. Se fundó en la década de los años treinta con la construcción de las Cases Barates, núcleo conocido también con el nombre de Darío Rumeu i Freixa, segundo barón de Viver y alcalde de Barcelona entre 1924 y 1930. El régimen franquista contribuyó a reforzar este nombre, pero en su versión abreviada: Baró de Viver, que es como actualmente conocemos al barrio.

Las Cases Barates eran hogares para 334 familias procedentes del chabolismo de Montjuïc y de toda España, que encontraron en el barrio el lugar ideal para dedicarse a la industria. “En las Cases Barates teníamos poco que perder; las personas que vivíamos allí éramos muy humildes”, recuerda Manuel Martínez, nacido en el barrio y presidente del Club de Fútbol Besòs-Baró de Viver, “en mi casa llegamos a ser treinta, porque mi madre acogía a las personas que venían”. A partir de finales de los años cincuenta se apostó por la remodelación integral del barrio y se inició la construcción vertical de edificios de viviendas en detrimento de la horizontal. Los primeros se estrenaron en 1958, y la construcción del edificio Gran Salón terminó en los años ochenta. Actualmente, el centro neurálgico del barrio se reparte entre la Llosa y la plaza del centro cívico, aunque los vecinos conviven constantemente en la plaza del Baró de Viver.

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Baró de Viver año 1983

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Arte urbano en los muros del barrio

Historia, fútbol y lucha olímpica

A pesar de ser un barrio muy joven, la ciudadanía de Baró de Viver es consciente de que son parte de la historia de Barcelona, y quieren mantenerla viva. Por ello, en 2011 se inauguró el Mural de la Memoria, que recoge hechos, anécdotas y curiosidades vividas en las calles del barrio: “El mural es nuestro, y muestra la vida de todos los que vivimos aquí”, explica orgullosa Villalba.

El fútbol, representado por el histórico Club de Fútbol Besòs-Baró de Viver y la asociación deportiva, recibirá próximamente el impulso del Plan de barrios, que recuperará en 2019 el campo de fútbol municipal. Desde 1985, no entienden por qué la construcción de las nuevas viviendas ocupó sus terrenos. Sin embargo, el proyecto no acaba de convencer a los responsables del club de fútbol: “El campo no dará respuesta a las necesidades del barrio”, manifiesta Martínez. A pesar de ello, explica esperanzado que cuando acaben las obras de la Sagrera lo resituarán sobre las vías del AVE. El Plan de barrios también apoyará la lucha olímpica, una de las disciplinas más practicadas en Baró de Viver. Remodelará las instalaciones del Club de Lucha Baró de Viver, situadas en la Llosa, por encima de la ronda del Litoral. Roberto Cano, entrenador del gimnasio, se muestra contento por la apuesta de la Administración pública por el club, por el que “ha pasado el 70 % de la gente del barrio, especialmente los chicos”.

“En el ámbito asociativo trabajamos codo con codo con el Bon Pastor”, explica Manoli Villalba. La entidad Bon Viver de les Arts se sitúa al frente del fomento de la cultura en el barrio y promueve el intercambio de actividades entre entidades y la ciudadanía del Bon Pastor, la Trinitat Vella y Baró de Viver. Jana Méndez, vocal del proyecto, expone: “La finalidad es unir todo el distrito al proyecto a largo plazo y enriquecer así las fiestas mayores”.

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El área de recreo de perros

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El polígono industrial

La renovación total: la asignatura pendiente

La llegada del metro en el año 1983 y la construcción de las rondas de Dalt y del Litoral significaron uno de los revulsivos definitivos para el barrio. Sin embargo, actualmente el vecindario considera que tiene pocas posibilidades ante la poca población que vive en el núcleo: no hay CAP, no hay estanco ni supermercado y el tejido comercial es débil. Ahora bien, la Comisión de Urbanismo ha tomado el relevo a la asociación de vecinos y trabaja para mejorar la situación. En este momento la actividad se centra en asegurar que el barrio tenga presencia en la nueva red de autobuses de la ciudad, en mejorar edificios construidos en la década de los ochenta, dado que muchos no tienen ascensor, y en fomentar la ocupación de una zona especialmente perjudicada por la crisis económica, ya que una parte del vecindario se dedicaba al sector de la construcción.

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Sinèrgics, un espacio de cotrabajo

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Centre Cívic Baró de Viver

Tejer un entramado urbano con el entorno

Baró de Viver todavía debe afrontar grandes retos, pero el vecindario lo hace consciente de que disfrutan de una de las zonas más apacibles de la ciudad. El objetivo es tejer un entramado urbano con la zona de la Maquinista junto con el Bon Pastor, para asegurar el contacto con el resto del municipio y permitir así la llegada definitiva del comercio y los servicios.