La Sagrera se da la mano con el Congrés i els Indians, Sant Andreu de Palomar, la Trinitat Vella, el Bon Pastor y Baró de Viver para formar un heterogéneo distrito de Sant Andreu. Es un barrio singular, marcado por un pasado rural e industrial y los cambios urbanísticos de finales del siglo pasado. Su metamorfosis culminará con la construcción de la estación de tren La Sagrera TAV y los nuevos equipamientos y espacios libres previstos en su entorno para el año 2020.

La Sagrera se anexionó a Barcelona en 1897, cuando solo tenía 48 casas conectadas al centro de la ciudad con el tranvía de vapor.

De 30 pasos a 97 hectáreas

Los cimientos de la Sagrera los pusieron las villas vinícolas romanas, que dieron origen a la comunidad rural que formaría el núcleo durante el primer milenio. La iglesia de Sant Martí Vell y el espacio sagrado (sagrer, en catalán) a su alrededor —un área de 30 pasos creada para salvaguardar la comunidad rural, ya que en esta no se podía cometer ningún delito— fueron el punto de orientación del barrio, que incluso le debe el nombre. “Es un barrio muy condicionado por el número 30: todo el mundo recuerda los 30 pasos en torno a la iglesia, que han dado origen al barrio, pero también al nombre de entidades, espacios y una escuela”, explica Josep Maria Garcia, presidente de la Federación de Entitats Espai 30.

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Acceso al metro desde la avenida Meridiana

La Sagrera se anexionó a Barcelona en 1897, cuando solo tenía 48 casas conectadas al centro de la ciudad con el tranvía de vapor. Con el impacto industrializador del siglo XIX, rápidamente llegó la urbanización. El barrio se transformó entonces en un referente del sector metalúrgico y textil, y se instalaron grandes fábricas como la Hispano-Suiza o la Pegaso.

Una de las huellas más importantes de este cambio es la avenida Meridiana, la arteria que recorre el barrio y que está en pleno proceso de cambios, para adaptarla al día a día de sus habitantes. Las casas y talleres de planta baja dejaron sitio, en la década de los setenta, a los bloques de viviendas, algunos de más de quince plantas, alineados a ambos lados de este eje vertebrador que divide la Sagrera en dos núcleos. A un lado está el casco antiguo, un entramado de calles estrechas que se abre paso en torno a la plaza de Masadas. En el otro lado está el núcleo nuevo, con calles más anchas y casas unifamiliares adosadas, y el Mercado de Felip II. Los dos conjuntos dan lugar a un barrio “con mucha gente joven, muy tranquilo”, tal como explica Elena Moras, monitora del Esplai La Sagrera, pero, por el contrario, “con poca oferta de ocio para la juventud”, concluye.

La fiesta mayor es una muestra de la rica cultura del barrio. El vecindario disfruta de actos como la Carrera de La Sagrera, una de las más antiguas de la ciudad.

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Parroquia del Crist Rei

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Puente de Bac de Roda o de Calatrava

Las entidades trabajan codo a codo

La Nau Ivanow, la fábrica de creación dedicada a las artes escénicas, es el núcleo duro del fomento de la cultura en el barrio. “En la Ivanow queremos hacer vivir el mundo del teatro desde dentro, desde su vivencia”, explica David Marín, director del equipamiento. Justo al lado está el Ateneu Sagrerenc: impulsado por la Asociación Cultural Espai 30, acoge doce entidades con un total de doscientos colaboradores y colaboradoras dedicados al asociacionismo cultural y social.

La fiesta mayor es una muestra de la rica cultura del barrio. Organizada por la Comisión de Fiestas a finales de noviembre, permite que el vecindario disfrute de actos como la Carrera de La Sagrera, una de las más antiguas de la ciudad. “Desde la comisión dinamizamos la mayoría de las festividades del calendario, pero necesitamos la ayuda del resto de asociaciones para llevarlo a término”, sentencia Agustí Camps, presidente de la Comisión de Fiestas del barrio.

Los grandes éxitos de la presión comunitaria, organizada a través de la asociación de vecinos del barrio, son la Escuela Pegaso y la plaza de la Assemblea de Catalunya.

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Biblioteca Marina Clotet

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Casal de barri Torre de la Sagrera

La materialización de la lucha vecinal

El pasado industrial de la Sagrera evoca el sindicalismo y el apoyo vecinal para recuperar espacios y conseguir cohesionar su tejido social. Los grandes éxitos de la presión comunitaria, organizada a través de la asociación de vecinos del barrio, son la Escuela Pegaso y la plaza de la Assemblea de Catalunya. “Urge otro instituto en el barrio”, considera Quim Terré, miembro de la entidad social La Sagrera Es Mou. La oferta de educación secundaria, que hasta ahora solo se da en el Instituto Príncep de Viana, es una asignatura pendiente en un barrio donde hay numerosas escuelas infantiles públicas.

En los años setenta se creó la asociación de vecinos con la voluntad de crear nuevos equipamientos, zonas verdes y dinamizar la cultura popular de la zona. La sede inicial de esta entidad fue el Ateneu Popular, que actualmente es el Centro Cívico La Sagrera “La Barraca” y complementa las actividades de ocio del barrio. “Otro de los éxitos más recientes del tejido asociativo es la rehabilitación de la Torre de la Sagrera”, explica Jaume Matas, el presidente de la asociación de vecinos. Este equipamiento redondea la oferta de espacios dedicados a la vida social y cultural del barrio.

Las obras de construcción de La Sagrera TAV se han reiniciado, después de dos años detenidas, con la esperanza por parte del Ayuntamiento y el vecindario de que la construcción no tropiece con más obstáculos.

La gran promesa: La Sagrera TAV

El símbolo de la transformación es la estación intercambiador de la Sagrera, que se convertirá en centro de conexiones de transporte, que a estas alturas ya es extraordinario por el número de líneas de tren y metro que confluyen en él. En esta nueva infraestructura está previsto que pasen el metro, trenes de cercanías y regionales y de gran velocidad, como el AVE y el TGV francés, pero también autobuses urbanos y taxis.

La faraónica La Sagrera TAV, de 38 hectáreas, se empezó a materializar hace diez años. Las obras de construcción se han reiniciado, después de dos años detenidas por un presunto fraude, con la esperanza por parte del Ayuntamiento y el vecindario de que la construcción no tropiece con más obstáculos.

“La estación del AVE es un caramelo que nos pusieron en la boca: tenía que ser el gran transformador del barrio, pero de momento no hemos visto cambios”, explica Terré. “Más allá no nos afecta, porque no es una zona de uso habitual para los vecinos”, añade Marín. La Sagrera TAV, aparte de conectar el norte de la ciudad con el resto del Estado, tiene objetivos claros: permitir la llegada de nuevos equipamientos a la Sagrera y eliminar la barrera física entre este barrio y Sant Martí de Provençals mediante la cobertura de la estación y las vías, para que el vecindario pueda disfrutar finalmente de una ciudad cohesionada.