La Trinitat Vella se encuentra en el extremo nordeste de Barcelona, entre el río Besòs, la ronda de Dalt y la avenida Meridiana. Tampoco sería ninguna exageración afirmar que este barrio está “en el quinto pino”. El origen de esta expresión se explica porque estaba en la colina donde actualmente está la Trinitat Vella, entonces término de Finestrelles, donde se erigía la quinta y más lejana horca de la Barcelona medieval, en la que se colgaba a los condenados a la pena capital. Este emplazamiento, datado del siglo XIV y conocido como “pla de les forques”, estuvo presente hasta bien entrado el siglo XIX, en el que el término de Finestrelles era todavía un terreno rural lleno de masías y viñas.

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Parque de la Trinitat

Mucho ha cambiado esta zona del distrito de Sant Andreu hasta convertirse en la Trinitat Vella actual, con poco a más de 10.000 habitantes que se empeñan en mantener el espíritu próximo y de pueblo que los caracteriza desde hace décadas. Barrio de calles estrechas y empinadas, como la calle de Mireia o la de la Foradada; de plazas y terrazas siempre llenas de vida, como la plaza de la Trinitat o la de Josep Andreu i Abelló, y charlas largas de atardecer sobre el puente de Sarajevo, uno de los puntos más emblemáticos de la Trinitat Vella, en la entrada de la ciudad. Situada en una zona tradicionalmente de paso —el camino romano procedente de Empúries y actual carretera de Ribes, y la collada de Finestrelles, puerta natural hacia el Vallès—, la Trinitat Vella ha sido, desde que nació, un barrio de acogida. Paradójicamente, es también aquí donde se encuentra actualmente uno de los puntos más icónicos de entrada en la ciudad: el cartel gigante de “Benvinguts a Barcelona” (bienvenidos a Barcelona), en la Meridiana.

De Finestrelles a los Juegos Olímpicos

De la época medieval, en el barrio, quedan pocas cosas. Una es la réplica de la Creu de Terme de Finestrelles (1375), en la carretera de Ribes, que marcaba el inicio de la ciudad. La otra es el nombre, que proviene de la ermita de la Trinitat, del mismo periodo y que sirvió durante mucho tiempo como “casa para una estancia de paso” para peregrinos y caminantes, tal como consta en el inventario de 1361 escrito por el presbítero Guillem Vendrell. La parroquia fue quemada en 1808 por las tropas napoleónicas durante la guerra del Francés. Amador Expósito, de la Comisión Memoria de Trinitat Vella, explica que la ermita “había sido refugio de los guerrilleros de la resistencia, los pelotones de campesinos de la Santíssima Trinitat”. La zona permaneció como terreno de masías y viñas hasta principios del siglo XX, “en el que el barrio empezó a tomar forma”, afirma Expósito. En 1915 se inauguró la colonia Ciudad Jardín-Trinidad, un proyecto de casas de veraneo destinado a la población de clase media-alta de Barcelona que no acabó de prosperar. “Eran casas de planta baja, muy bonitas, con jardín en los dos lados”, explica Manoli Vera, presidenta de la Asociación de Vecinos. Actualmente todavía se pueden ver algunas de estas edificaciones, como la Villa Fàtima o la Villa Piedad, muy cerca de la plaza de la Trinitat.

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Plaza del Coll de Finestrelles

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Cartel de bienvenida a la Meridiana

Pero el cambio urbanístico más importante vino en el siglo XX, primero en la década de los años veinte y posteriormente en los años cincuenta, con las oleadas de inmigrantes del resto del Estado, y en el caso de la Trinitat, provenientes especialmente de Murcia. Eran personas que, mayoritariamente, venían para buscar trabajo en la construcción. “La Trinitat siempre ha sido muy acogedora y en constante movimiento. Pero el corazón de la Trinitat son los inmigrantes que hace más de cuarenta años que están en el barrio”, afirma Yolanda Burgueño, de la Fundación Trinijove. El barrio vivió un momento especialmente dulce y de cambio profundo en la década de los noventa, con los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Llegó el metro, se inauguró el parque de la Trinitat, se construyó el nudo y las rondas y se edificó el estadio municipal de fútbol del barrio. “En aquella época éramos de los mejores barrios y las grandes constructoras venían aquí a edificar”, explica Víctor, vecino de toda la vida.

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Canal del Parc de la Trinitat

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El camí de Ronda, un corredor verde

“La gente hace el barrio”

Uno de los aspectos más característicos de la Trinitat Vella es la esencia de pueblo que se respira. “Como es un barrio pequeño y cerrado entre la ronda y la Meridiana, ha quedado como un pueblo”, explica Josep Jordà, presidente de la Asociación de Comerciantes. “Aquí nos conocemos todos y nos preocupamos mucho los unos de los otros”, afirma Vera. Este hecho ha favorecido el comercio de proximidad, “aunque también tenemos que pelear bastante con las grandes superficies”, se queja Jordà. Las tiendas de barrio han sido un elemento clave para configurar este “espíritu de pueblo”, ya que tradicionalmente y, todavía ahora, han sido un punto importante de encuentro de los vecinos. “Es el lugar para cotillear y enterarte de qué pasa en el barrio. En la cola de la panadería, en la droguería...”, explica Burgueño.

Los escaparates de los comercios se convierten a menudo en tablones de anuncios gigantes que hacen de puente entre las necesidades de los vecinos. Este papel también lo han desempeñado tradicionalmente otros establecimientos en el pasado, como el Bar Juan, que se había llegado a convertir en vestuario improvisado de los jugadores del campo de fútbol y donde estaba el “teléfono público” del barrio. También la familia Jordà, panaderos provenientes de Banyoles, tuvieron un papel importante en la acogida de la nueva población inmigrante a partir de los años treinta, e incluso alguna vez tuvieron que hacer de padrinos para los recién llegados.

La plaza de la Trinitat ha sido siempre el centro neurálgico de la actividad en el barrio. “Siempre hay mucha vida. Cada día a cualquier hora”, comenta Jordà. Es difícil ver las terrazas de los bares vacías o encontrar un momento donde no haya niños jugando, y muchos vecinos apuntan que sus mejores recuerdos de infancia los tienen precisamente en esta plaza.

Este sentimiento de pueblo también se extiende hacia el barrio vecino, la hermana Trinitat Nova. “Aquí siempre nos hemos sentido como un solo pueblo”, explica Expósito, y recuerda que era “normal” que los vecinos del barrio del norte bajaran a la Trinitat Vella, a la parroquia, mientras que los vecinos de abajo subían a comprar al Mercado de Montserrat. “Queremos mucho al barrio. Los vecinos no quieren marcharse y lo mejor es, sin duda, su gente”, afirma Vera.

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Biblioteca de la Trinitat Vella

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Placa de la Cárcel de mujeres

El tejido asociativo

Este espíritu próximo y participativo también es palpable a través de su tejido asociativo. “Trinitat Vella es un barrio que, con respecto a entidades e implicación vecinal, es brutal”, comenta Rubèn, de la Comisión de Fiestas. “Tenemos 52 entidades, que para un barrio pequeño como el nuestro es mucho. Hay mucha unidad y mucha gente con ganas de implicarse”, afirma Vera. Este hecho ha comportado, según algunos vecinos, que haya una falta de locales y espacios para atender las demandas de todas las entidades de carácter diverso, a pesar de ser un barrio con muchos equipamientos: la Trinitat Vella dispone de una biblioteca municipal, un centro cívico, un pabellón, una piscina municipal y un campo de fútbol, entre otros. “Faltan espacios de ocio para los jóvenes, y los proyectos presentados hasta ahora a las entidades no son suficientes”, recuerda Rubèn.

Los acontecimientos festivos que tienen más éxito en el barrio son la Fiesta Mayor, en junio, y el Carnaval, una fiesta que tiene un gran seguimiento. “Es la fiesta más importante, con más ambiente. Salimos todos a la calle y se vive de manera apoteósica”, relata Yolanda Benítez, de la Asociación Triniteiros. Su entidad es una de las impulsoras de este acontecimiento y una de las diez comparsas que participan. “Empezamos siendo cuatro familias con niños y ahora casi somos cuarenta”, explica. Vera, de la Asociación de Vecinos, se muestra también muy orgullosa: “Como este carnaval no hay otro en Barcelona. Es único. Incluso las comparsas van a otros festivales de fuera y ganan”.

Otros espacios importantes del tejido de barrio son, en el ámbito deportivo, el campo municipal de fútbol y sus clubes: el Club Deportivo Trinitat, el Club de Fútbol Deportivo Cerro, la UD Torrente Parera y la Peña Blaugrana Trinitat Vella. “Esto cada fin de semana se llena de gente de toda Barcelona. Nos faltan horas porque todo el mundo quiere venir”, explica Antonio, el gestor del campo municipal. Otra entidad que proyecta el barrio al exterior es la Ràdio Trinijove. “Es una herramienta de dinamización cultural para los jóvenes y para crear red entre las entidades del barrio”, explica Ana Montoro, de Ràdio Trinijove, que en el pasado cedió un espacio radiofónico a un vecino ilustre del barrio, el cineasta Juan Antonio Bayona.

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Casa del agua de Trinitat Vella

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Zona norte de Trinitat Vella

Los retos de futuro

Gran parte de este movimiento asociativo nace de la implicación de los vecinos para mejorar las condiciones del barrio. “Somos un barrio muy luchador y tenemos muy claro que sin luchas no vamos a ninguna parte”, expresa Vera. Burgueño señala que todos quienes han ido llegando aquí y tenían dificultades “se han organizado para mejorar su calidad de vida”. De las luchas sociales destaca el trabajo de Ignasi Catalan, líder vecinal en las reivindicaciones por los servicios públicos en el barrio, las concentraciones vecinales para luchar contra el estigma de la droga en el barrio o el padre Manel y su trabajo con los hijos de los presos del centro penitenciario de la Trinitat.

Otro referente es la Fundación Trinijove, creada por un grupo de jóvenes con el objetivo de provocar un cambio en el barrio, muy castigado por la crisis económica, el paro y las drogas en los años ochenta. La fundación ha sido reconocida por su trabajo en el ámbito de la formación y reinserción de jóvenes en el mercado laboral. “La mayoría de entidades son gente implicada en todos los aspectos del barrio y queremos que salga adelante”, afirma Benítez. Los principales retos que se ha marcado el vecindario para el futuro más próximo son conseguir integrar el espacio del parque de la Trinitat en el día a día del barrio, actualmente un poco olvidado; conseguir la plena coexistencia e inclusión de nuevos colectivos recién llegados al barrio, o el cierre definitivo de la prisión de la Trinitat, que muchos vecinos consideran “denigrante”.

Al empuje del tejido asociativo se espera que también ayuden las inversiones que prevé el Plan de barrios del Ayuntamiento de Barcelona, que tiene que destinar 6 millones de euros a proyectos que incluyen la mejora del espacio público en la zona norte del barrio, más castigada, la adecuación de locales para entidades del barrio, así como la transformación del camino de ronda en un gran paseo verde que rodeará el barrio hasta el edificio histórico de la Casa de les Aigües, en el extremo norte. “Queremos acercar la ciudad hasta aquí, la Trinitat Vella”, expresa Vera, “es lo que nos falta”.