Entre el Guinardó, la Sagrera y Vilapicina i la Torre Llobeta se abre paso un barrio singular. Es el Congrés i els Indians, surgido de la fusión de dos núcleos de población en uno solo para disfrutar de las ventajas que supone ser un barrio de casi quince mil personas: dos fiestas mayores, un centro cívico y un tejido asociativo potente que garantiza que el vecindario pueda vivir con tranquilidad.

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La plaza del Canódromo, desde la grada

Dos pasados diferentes

A comienzos del siglo XX crecieron dos núcleos de nueva planta a ambos lados de la calle de Felip II. El primero fue el de los Indians, en los terrenos de Can Berdura. Por la localización de algunas casas lujosas en la zona, como la Torre Rosa, de 1920, a menudo se ha relacionado esta parte del barrio con los catalanes que se habían marchado a Cuba a hacer negocios, pero no se ha podido comprobar.

Poco después, el 35.º Congreso Eucarístico, la gran asamblea de la Iglesia católica convocada en Barcelona en 1952, impulsó la construcción de un barrio con todas las comodidades en los terrenos de la antigua masía de Can Ros, con viviendas planteadas para dar respuesta a una Barcelona en pleno crecimiento, alimentada por la llegada de personas procedentes del sur de España. El arquitecto Josep Maria Soteras i Mauri, que posteriormente trabajó en proyectos como el Camp Nou y el Palau Blaugrana, fue el encargado de diseñarlo, y proyectó zonas verdes, servicios para todo el mundo, la parroquia de Sant Pius y grandes plazas donde disfrutar del tiempo libre, como la del Congrés Eucarístic o la del Doctor Modrego, en recuerdo al arzobispo que impulsó la urbanización.

Como se trataba de dos barrios vecinos, bien avenidos y con servicios y objetivos comunes, el Ayuntamiento optó, a principios de los ochenta, por considerarlos como uno solo a ojos de la Administración, y constituir el barrio que hoy día se conoce como el Congrés i els Indians, en el distrito de Sant Andreu. “Eran dos barrios con tipologías y dinámicas diferentes, pero las reivindicaciones son comunes”, explica Jesús Ribera, presidente de la asociación de vecinos del barrio.

La cultura popular tradicional sigue viva

El barrio conserva dos identidades diferenciadas, pero con características muy similares, como el sentimiento de pertenencia a un territorio concreto de la ciudad y un vecindario que se conoce “de toda la vida”. La Agrupación Congrés, fundada en 1956, es la entidad más antigua del barrio y conserva el recuerdo de la vida durante el siglo pasado: “El bar de la agrupación antes era el lugar de encuentro; siempre estaba abierto y todo el mundo venía a charlar”, recuerda Núria Janer, la presidenta de la entidad. Actualmente, esta entidad organiza actividades como grupos de teatro o el esbart dansaire.

Es un barrio que ha sabido mantener las cosas buenas de ser dos núcleos diferentes: tiene dos fiestas mayores, una del Congrés y la otra de los Indians”, explica Montse Blasco, la presidenta de la Comisión de Fiestas del Congrés. De este modo, esta zona puede disfrutar de casi quince días de fiesta. La Fiesta Mayor de los Indians se celebra alrededor del 24 de setiembre, coincidiendo con el día de la Virgen de la Mercè, y la Fiesta Mayor del Congrés, durante la primera semana de octubre. “Este año se cumplen 35 años de la Fiesta Mayor de los Indians”, destaca Edgar Miró, de la comisión de esta fiesta, a la encargada de organizar el concierto de habaneras, en relación con el origen del barrio.

El Casal de barrio Congrés-Indians ha estado, durante 10 años, un equipamiento clave para el barrio. Es un referente por la actividad de las entidades y grupos que la integran. El Centro Cívico Can Clariana Cultural redondea la oferta del barrio, especialmente con respecto a las artes escénicas, en conexión con otros equipamientos que hay en el distrito de Sant Andreu, como la Nau Ivanow, de la Sagrera, o la Fábrica de Creación Fabra i Coats, en Sant Andreu de Palomar.

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Centro Cívico Can Clariana Cultural

Adaptación a la dinámica de la ciudad

Tal como explica Ribera, el presidente de la asociación de vecinos y vecinas, “este es un barrio que se ha ido haciendo viejo y ahora se está renovando”. Se refiere a los habitantes de esta zona, con una población envejecida y poco relevo generacional. Este factor configura las necesidades del vecindario, como es la conexión con el CAP Maragall y los centros hospitalarios, hasta este otoño garantizada con la línea 20 del autobús. “La eliminación del 20 ha supuesto un gran movimiento vecinal, ya que este autobús nos conectaba con el Hospital de Sant Pau”, destaca Ribera, que reivindica un autobús que conecte a los habitantes con el centro de la ciudad.

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Calle de Pinar del Río

Una de las cuestiones pendientes es la dinamización del comercio. La encargada de hacerlo es la Unión de Comerciantes Congrés-Indians, que agrupa 52 tiendas para fomentar el comercio local. Xavier Sabaté, el presidente de la entidad, destaca: “El barrio es muy tranquilo, pero no tiene una estructura comercial potente”; con el objetivo de revertir la situación, la asociación ha creado sinergias con la asociación de comerciantes del Eje Maragall, trabajando junto con el barrio del Guinardó.

Con el cambio generacional, también se está llevando a cabo una metamorfosis del barrio. Uno de los primeros ejemplos de la transformación es el Centro Cívico Can Clariana o la replanificación del Canòdrom, donde se está planeando combinar las actividades del Parque de Investigación Creativa con un polideportivo, un centro cívico y un centro de arte contemporáneo, entre otros.

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Escola Bressol Municipal La Morera

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Espacios de trabajo en el Canódromo Parque de Investigación Creativa