La Marina de Port es un barrio situado en el distrito de Sants-Montjuïc, y entre la Marina del Prat Vermell, Montjuïc y L’Hospitalet de Llobregat, la zona se ubica en lo que tradicionalmente era conocido como la Marina de Sants. Teniendo en cuenta el peso demográfico que ha adquirido la zona, la Marina de Sants se dividió en dos a partir del año 2005, de modo que se distinguió entre la Marina de Port y la Marina del Prat Vermell, aunque los vecinos siguen sintiéndose de un solo barrio.

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La gran plaza del Moviment Obrer se convierte en una pista de patinaje al lado de los edificios comerciales y de oficinas. Al otro lado del paseo, la Escuela Enric Granados

La Marina de Port se ha formado a partir de la confluencia entre barrios: Port, Can Clos, el Polvorí, Sant Cristòfol, Estrelles Altes, la Vinya y Plus Ultra son los núcleos más destacados, muchos de ellos destinados a ser la residencia del gran número de trabajadores industriales de la Zona Franca. Esta configuración singular y heterogénea se entiende a raíz de los cambios que vivió la ciudad a partir de los años cincuenta del siglo pasado. La llegada de miles de personas provenientes de otros puntos del país haría de la Marina de Port, que era una zona tradicionalmente agrícola, uno de los barrios protagonistas de la historia con la construcción exprés de nuevos edificios de viviendas e industria a los pies de Montjuïc.

“La vida en la Marina de Port es muy diferente del resto de Barcelona. Estamos bastante aislados, pero eso no tiene necesariamente connotaciones negativas: somos como un pueblo, pero tenemos más servicios”. Dani Fernández, vecino y coordinador de la entidad cultural La Marina Viva, define perfectamente lo que supone vivir en la Marina de Port.

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Las calles de la Colònia Santiveri han sido reurbanizadas con perspectiva de género, mejorando sobre todo el alumbrado y la visibilidad en todas las esquinas

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En el recinto de La Báscula conviven el Complejo Deportivo Municipal y el Espacio Joven con salas de conciertos y otras actividades.

“Antes todo eran campos, solo estaban las viviendas SEAT”, recuerda Antonio Rufón, extrabajador de la empresa SEAT, instalada en la Zona Franca en el año 1955. “Llegué al barrio hace 48 años, con la apertura de la fábrica, y ya me he quedado, viviendo en las casas de los trabajadores, en la barriada de Sant Cristòfol”, sigue Rufón. “Yo vi la construcción de los edificios grandes y la llegada de gente, que ha mejorado mucho la zona, porque las barriadas se han convertido en una sola”.

Una vez superada la oleada industrial y demográfica, los grandes edificios se han ido derribando y han dado paso a la construcción de los jardines que dominan el tejido urbano: Can Farrero, Can Sèbio, los de la Mediterrània o los del Pont Romà son buenos ejemplos.

La segunda metamorfosis llegó en el año 2003, cuando el Ayuntamiento decidió reformar de una vez por todas la fisonomía del barrio incidiendo en la isla Philips, donde se ha construido la Biblioteca Francesc Candel, un CAP, un centro de danza y servicios administrativos y la plaza de la Marina, que se ha convertido en el centro neurálgico del barrio. Conscientes de que el mercado tiene una importante función social, se reubicó el Mercado de Port, para convertirlo en el que es hoy el de la Marina. Rosa Garcia, comerciante, explica: “Hemos bajado el número de clientes porque se han abierto muchos establecimientos, pero nosotros [los 27 puestos que lo conforman] seguimos aquí para vender para la gente de ‘toda la vida’ del barrio”. Eso permite que conserve la esencia de un mercado pequeño, dedicado a los vecinos que compran diariamente.

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La antigua fábrica Lámparas Z es hoy la Biblioteca Francesc Candel. En la Marina todo el mundo recuerda con aprecio la figura del autor de Los otros catalanes

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Bajo la plaza de la Marina de Sants está el nuevo mercado con 27 paradas al servicio del barrio

Se mire por donde se mire, la Marina de Port conserva la huella de la lucha vecinal. “¿Cómo es posible que unos cuantos vecinos paren una empresa con poder y le impidan construir? Las empresas se doblegaban ante la ciudadanía, fue algo muy fuerte”, recuerda Oriol Granados, historiador y miembro del Centro de Estudios de Montjuïc en relación con la lucha que evitó la construcción de manzanas de casas con fábricas en el centro.

Otros éxitos recientes de la lucha vecinal son la construcción del parque de Can Sabater, el mantenimiento de la prestación del servicio de los autobuses para ir al Hospital Clínic y al CAP de Manso, o la creación de espacios de ocio y formativos como la Casa del Rellotge o La Bàscula. La última victoria ha sido la de la línea del metro L10; aunque el recorrido no convence a una parte de la ciudadanía, los vecinos admiten que disfrutar de un servicio así es un avance que permite recuperar la confianza en la Administración pública y garantizar la entrada del barrio a la red de transporte.

Se mire por donde se mire, la Marina de Port conserva la huella de la lucha vecinal

Actualmente, las reivindicaciones están todavía presentes: Guillermo Saez, presidente del Club de Fútbol Ángel Pedraza, recalca que “el barrio ha crecido mucho en población, pero en instalaciones culturales y deportivas no ha crecido tanto”, y señala que desde la Mesa de Deportes del barrio se está trabajando para mejorar la situación. En este sentido, el escultor Benito Maín cree que “se ha escuchado poco a las entidades”. Es el presidente de la Agrupación de Artistas de la Marina, una entidad impulsada también por Francesc Candel. Este escritor es recordado con mucha estima en el barrio, hasta el punto de que ha dado nombre a la Biblioteca y al Certamen Literario Francesc Candel, dedicado a reconocer la labor cultural de la ciudadanía.

Con respecto a entidades culturales y deportivas, destaca la dinamización que realiza el Espacio Musical La Bàscula y el Centro Cívico La Cadena. Encontramos flamenco, fútbol, con el Club Atlètic Ibèria, y petanca, pero también baile moderno y música con gralla. Son entidades vinculadas a la realidad social del vecindario hasta el punto de que han impulsado el sentimiento de pertenencia: “El pistoletazo de salida fue cuando en las redes sociales empezamos a referirnos a nosotros mismos como los marineros y ahora todo el mundo se siente parte de la Marina”, explica Dani Fernández. La Marina Viva, la entidad a la que pertenece, sirve de revulsivo para impulsar proyectos colaborativos y de memoria histórica, dinamizar espacios e, incluso, hacer de altavoz de las reivindicaciones de los vecinos.

El vecindario recuerda el estigma que en décadas anteriores se cernía sobre el barrio, y se ilusionan al ver que se reduce la desigualdad en comparación con el resto de la ciudad: se está gestando la prosperidad del sector terciario a través del goteo constante de equipamientos en el nuevo centro económico Districte 38. Otro cambio vital es el del Plan de barrios, generado a través de procesos participativos, que mejorará la cultura, la educación, el ocio, el empleo y la relación comercio-empresas de los polígonos próximos del barrio y rehabilitará espacios públicos para mejorar la convivencia. Promoverá, así, la igualdad de condiciones de un barrio que tiene muchos puntos a favor: la proximidad con el aeropuerto, la Zona Franca, el puerto y la Fira de Barcelona.