La plaza de la Bonanova es el punto de origen del antiguo municipio de Sant Gervasi de Cassoles, parte importante del actual distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Porque allí donde hoy está la parroquia de la Bonanova hubo, en época medieval, una ermita dedicada a los santos Gervasio y Protasio, que acabó dando nombre al municipio que se formó y al barrio actual.

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Iglesia de la Bonanova

El espacio que actualmente ocupa el núcleo era, hasta finales del siglo XIX, el corazón del municipio de Sant Gervasi de Cassoles.

El territorio está vertebrado en torno a varias vías, como el paseo de la Bonanova, que cruza el barrio de Llobregat a Besòs, y calles como la de Sant Gervasi de Cassoles, Muntaner o Mandri, que van de mar a montaña. Sant Gervasi-la Bonanova es un barrio básicamente residencial, repleto de fincas y restaurantes elegantes, que son el reflejo actual de su historia. El antiguo municipio fue un territorio poco poblado y sin industria ni empresas importantes. Este hecho y la proximidad a la sierra de Collserola facilitaron que durante el siglo XIX se llenara de segundas residencias de la sociedad acomodada barcelonesa.

Además de los edificios señoriales y las pequeñas zonas verdes, el barrio se caracteriza por la gran cantidad de escuelas. Es habitual encontrar niños y niñas jugando en las plazas y bajando de los autobuses una tarde cualquiera, y es que en el núcleo se encuentran centros como la Escuela Pia de Sarrià, el Colegio Jesús-Maria y La Salle Bonanova (una construcción neogótica), además de las universidades Abat Oliva y Ramon Llull.

Una ciudad jardín

El espacio que actualmente ocupa el núcleo era, hasta finales del siglo XIX, el corazón del municipio de Sant Gervasi de Cassoles. Aquella época de viñas, campos de trigo y bosques acabó con la llegada de la burguesía que, al descubrir el paraje, empezó a edificar, especialmente casas de veraneo. De este proceso de urbanización todavía quedan pruebas: algunas de las grandes calles, como Mandri o Ganduxer, llevan nombres de terratenientes de la zona, y en ellas pueden contemplarse joyas modernistas y novecentistas, como la Torre Bellesguard. Del pasado rural, en cambio, solo quedan algunos edificios como la antigua masía de Can Canals o la de Can Pomaret.

Con respecto a la urbanización de principios del siglo XX, destaca el proyecto de ciudad jardín, con la avenida del Tibidabo como eje principal. Esta idea, promovida por el doctor Salvador Andreu, combinaba los jardines de magníficas fincas modernistas, como la Casa Muntadas, con la vegetación propia de la zona. También se construyó el famoso Tramvia Blau, que ha quedado reservado para el uso turístico y que en febrero del 2018 empezó un profundo proceso de reforma.

Los centros cívicos Pere Pruna y Vil·la Florida son esenciales para entender el tejido asociativo que se fortalece.

Poco a poco hacia la vida de barrio

Sant Gervasi-la Bonanova es un barrio tranquilo donde cuesta impulsar la vida asociativa; sin embargo, esta cada vez tiene más peso. La fiesta mayor de la zona de Bellesguard es un buen ejemplo: “En los años cincuenta se celebraba una gran fiesta que se perdió, pero la estamos recuperando y hemos conseguido organizar una cena al fresco”, explica Jordi Orpinell, miembro de la Asociación de Vecinos de Bellesguard. Por su parte, Salvador Albuixech, presidente de la Asociación de Comerciantes de Sant Gervasi Barnavasi, afirma: “El tejido asociativo no es tan fuerte como querríamos, pero hay un buen caldo de cultivo”.

Vinyet Mirabent, directora del centro de salud mental Fundació Vidal i Barraquer, asegura: “Se ha fomentado mucho la cultura de centro cívico en los últimos años y hay puntos concretos del barrio donde todo el mundo se conoce”. Y es que los dos centros cívicos son esenciales para entender este tejido asociativo que se fortalece. Ambos siguen una estrategia común a todo el distrito que consiste en reconvertir el patrimonio cultural en espacios para los vecinos. El Centro Cívico Pere Pruna es una antigua iglesia ahora reconstruida y el Centro Cívico Vil·la Florida era una magnífica torre señorial.

A pesar de estos avances con respecto a la cohesión del vecindario, Mirabent alerta de que no se tiene que bajar la guardia porque, en una zona con una población tan envejecida, fomentar la vida en la calle es doblemente importante: “Aunque, en general, las personas mayores de la Bonanova no tienen problemas económicos, la poca vida en la calle puede agravar la soledad”. El vecindario a menudo tiene segundas residencias fuera de Barcelona y es por eso por lo que a veces cuesta fortalecer la red.

El barrio dispone de dos paradas de ferrocarril, varias líneas de bus y un bus de barrio, a los que, en el futuro, se añadirá una parada de la línea 9 del metro. 

Para Joan Sancho, presidente de la Asociación de Vecinos de Sant Gervasi de Cassoles, hay muchos aspectos positivos, como los centros y los equipamientos y el personal que trabaja en ellos, “porque desarrollan una excelente labor social e integradora en el barrio en los diferentes ámbitos de actuación”. También destaca el papel de servicio ciudadano de la Guardia Urbana y el apoyo de los técnicos de barrio del distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Explica que, para hacer red o servicio asociativo en el barrio, “es necesario dar a conocer las entidades del barrio a otras entidades de otros barrios del distrito”. Según Sancho, uno de los aspectos que habría que mejorar es la promoción de vivienda social y asequible, sobre todo para los jóvenes, ya que muchos de ellos se ven obligados a marcharse del barrio. En cuanto a las infraestructuras, reivindica la finalización de los tramos y estaciones pendientes de la línea 9, ya que permitirá mejorar las conexiones y los desplazamientos en transporte público de los vecinos y vecinas.

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Centro Cívico Vil•la Florida

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“La plaza de la Bonanova ha experimentado un cambio muy positivo. Todavía faltan zonas verdes, pero ahora la gente pasea, se sienta y pasa el rato en las terrazas de los bares”.

Vinyet Mirabent, directora de la Fundació Vidal i Barraquer

Un núcleo bien equipado

“El barrio se ha hecho más próximo a las personas: hay más calles de peatones y más centros cívicos e iniciativas interesantes, como el comercio en la calle, donde las tiendas montan puestos para exponer sus productos”, añade Mirabent. Con los años, también han mejorado las comunicaciones: hoy en día dispone de dos paradas de ferrocarril, diversos autobuses y un bus de barrio, a los que, en el futuro, se añadirá una parada de la línea 9 del metro. 

Además, el vecindario valora el gran número de equipamientos, como el Mercado de Sant Gervasi y el hogar de personas mayores Mossèn Lluís Vidal. “Organizamos excursiones, cinefórums y charlas para evitar que las personas mayores se sientan solas”, explica Jaume Busquets, que ha sido, durante muchos años, el presidente de esta entidad.  

La Bonanova tiene diversas zonas verdes como los jardines de Ca n'Altimira, el parque de la Tamarita o el parque de la Font del Racó.

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Cocheras del Tramvia Blau

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“En este barrio destaca, especialmente, la colaboración entre los comerciantes, que organizan muchas iniciativas”.

Jaume Busquets, expresidente del hogar Mossèn Lluís Vidal

Un patrimonio inacabable

La otra gran característica de la zona que los vecinos y vecinas destacan es el patrimonio arquitectónico. Desde contemplar la mezcla de estilos de Santa Maria de la Bonanova hasta descubrir el convento de Valldonzella o disfrutar de las vistas de la ciudad desde el cementerio de Sant Gervasi, el núcleo ofrece mil y una posibilidades.

Los que prefieren la naturaleza o la ciencia también lo tienen fácil: en la Bonanova se encuentra el CosmoCaixa y diversas zonas verdes, como los jardines de Ca n'Altimira, el parque de la Tamarita o el parque de la Font del Racó. Pequeños oasis de naturaleza en un barrio a menudo tranquilo y, al mismo tiempo, bien conectado con el centro de Barcelona.