Pinos, arbustos, jabalíes, conejos... Si algo caracteriza el barrio de Vallvidrera, el Tibidabo i les Planes es su entorno natural privilegiado. El término de Vallvidrera se encuentra entre ambas vertientes de la sierra, mientras que las Planes se sitúa en la vertiente del Vallès y el Tibidabo limita con el distrito de Horta-Guinardó.

La lejanía con el centro y el contacto con el medio natural hacen que la vida aquí sea muy diferente a la del resto de la ciudad. “El barrio es un sistema de vida; somos muy afortunados de encontrarnos en este entorno privilegiado”, explica Josep Lluís Lorente, presidente de la Asociación de Vecinos y Propietarios de Can Rectoret.

De pueblos a barrios

Vallvidrera fue un municipio independiente hasta 1890, cuando se anexionó a Sarrià. A mediados del siglo XIX se construyó el pantano de Vallvidrera con el objetivo de proveer de agua el municipio de Sarrià. Al principio del siglo XX el doctor Salvador Andreu impulsó la urbanización de la montaña del Tibidabo e intentó hacer una ciudad jardín, de la que han quedado algunas de las fincas de la avenida del Tibidabo. La proximidad a Collserola y el ambiente sano del aire atrajeron a las familias acomodadas de Barcelona, que convirtieron la zona en núcleo de veraneo. Las torres modernistas y novecentistas de la época que todavía se conservan son prueba de ello.

La especial orografía del barrio, situado en la sierra de Collserola, hace que haya diferentes núcleos diseminados dentro de la zona del parque natural. Entre estos núcleos está las Planes,

un lugar virgen donde se construyeron las antiguas masías de Mas Sauró, Mas Guimbau y Can Rectoret. Actualmente son núcleos urbanizados con personalidad, tejido asociativo y calendario festivo propio, aunque interrelacionados.

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Santa Creu d’Olorda

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"Los vecinos valoramos mucho la tranquila • dad del barrio."

José M. Cuevas, Asociación de Vecinos de la Font del Mont

Donde estaba la antigua masía de Mas Sauró ahora hay un servicio residencial para personas con discapacidad intelectual, y el pantano de Vallvidrera es uno de los elementos de interés paisajístico que forman parte de su patrimonio histórico y natural, fronterizo con Vallvidrera. El paseo de Solé i Pla es el centro neurálgico de Mas Guimbau, donde hay un pequeño eje comercial y cívico; aquí, un siglo atrás, el doctor Solé i Pla había montado una embotelladora de agua natural.

Otro espacio destacable es Santa Creu d'Olorda, parte del municipio del mismo nombre que en 1916 se disolvió y quedó repartido entre Sant Feliu de Llobregat, Molins de Rei y Sarrià.

Durante la segunda mitad del siglo XX el barrio en general vivió muchos cambios. “En los sesenta, mi calle era un torrente; ahora las calles están asfaltadas y disponemos de luz y gas con total comodidad”, explica José María Cuevas, presidente de la Asociación de Vecinos de la Font del Mont. La mayoría de los vecinos están de acuerdo, pero algunos, como Jesús Escardó, presidente de la Asociación de Vecinos y Cultural El Sanatori, lo matizan: “Se han hecho cosas nuevas como el Casal de Barrio Can Rectoret, pero la zona no ha cambiado mucho”.

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"Hace diez años no había fiesta mayor, y ahora es de doscientas personas."

Jesús Escardó, Asociación de Vecinos y Cultural El Sanatori

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Entrada al funicular de Vallvidrera

Una vida de barrio difícil, pero no imposible

El barrio tiene unas características especiales que hacen que evolucione más lentamente y que sea más difícil construir redes vecinales: está muy aislado, sus distintos núcleos están separados entre sí, hay muy pocos comercios y es frecuente acceder en coche. Así pues, la vida no es como en los barrios del centro, donde la gente baja a comprar el pan y se encuentra con los demás vecinos. Pese a estas dificultades —o quizás gracias a ellas—, el tejido asociativo es inmenso y muy variado. “Antes no había conciencia ni identidad de barrio. Ahora, sí. Nos conocemos, nos saludamos y charlamos”, celebra Escardó.

Eso se ve reflejado en las fiestas mayores, que se celebran durante la primera quincena del mes de setiembre, y que años atrás eran bastante residuales. Cada núcleo tiene su propia celebración y su singularidad, como por ejemplo la Font del Mont, que es una de las asociaciones de vecinos más antiguas de Barcelona, y que a través de la compañía de teatro La Fontmontina, con más de treinta años de recorrido, dinamiza y llena la plaza del barrio hasta los topes cuando estrenan representación. De todos modos, últimamente se intenta hacer un programa festivo conjunto que reúne las actividades en los diferentes núcleos urbanos. 

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"Es un barrio muy barrio. Aquí conozco a todo el mundo. "

Clara Raich, Asociación Mont d’Orsà de Vecinos de Vallvidrera

El entorno: privilegio y, a la vez, inconveniente

La valoración que el vecindario hace del barrio es muy positiva. Es consciente de que vivir en medio de un paraje natural tiene numerosas ventajas y también algún inconveniente insalvable: “Tenemos los comercios lejos y, cuando hay precipitaciones, el transporte se complica”, explica Lorente. De todos modos, valora el aire puro de la montaña y el hecho de que, a pesar de la lejanía del centro, cuentan con la estación de tren de las Planes y la del Baixador de Vallvidrera.

Las reivindicaciones vecinales, pues, tienen que ver con el entorno. Se han hecho grandes avances con respecto al soterramiento y el suministro de la corriente eléctrica, aunque los vecinos y vecinas consideran que todavía hay algunas zonas donde se tendría que mejorar. Sin embargo, instan a ampliar las aceras y mejorar el asfalto, construir más equipamientos deportivos y para las personas mayores, aumentar las medidas de protección del parque de Collserola y mejorar la cobertura móvil y los accesos al barrio. “La plaza de Vallvidrera es solo un cruce de vías, y nos gustaría que fuera un lugar de paso o una rotonda”, añade Clara Raich, presidenta de la Asociación Mont d'Orsà de Vecinos de Vallvidrera.

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Vistas desde el apeadero del funicular

Un oasis natural en Barcelona

A pesar de las reivindicaciones, el vecindario considera que los problemas del barrio no son muy graves y que es uno de los lugares más tranquilos de Barcelona. Además de la naturaleza, el núcleo también tiene patrimonio cultural, como la iglesia de Santa Maria de Vallvidrera o Vil·la Joana, la casa donde murió el poeta Jacint Verdaguer, que hoy forma parte del Museo de Historia de Barcelona.

Pero los barrios los hacen las personas, y el vecindario también está satisfecho en este sentido: “Lo mejor del barrio es su gente, muy variada: hay personas que viven aquí desde hace años, muchos niños y muchos extranjeros”, afirma Raich. De hecho, ¿quién no querría vivir en un oasis natural que se encuentra dentro de la misma Barcelona?