La época dorada del circo en Barcelona

Historia. El Circo Ecuestre Barcelonés, en la plaza de Catalunya, y el Teatro Circo Olympia, en la ronda de Sant Pau, han marcado la historia del circo barcelonés de los últimos 200 años.

Entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XX, Barcelona vivió la época más esplendorosa del circo. Además de los numerosos circos ambulantes que la visitaron, los barceloneses de la época pudieron disfrutar del arte circense de forma permanente con el Circo Ecuestre Barcelonés, instalado en la plaza de Catalunya, y el Teatro Circo Olympia, en la ronda de Sant Pau.

Ramon Bech, autor del libro La història del circ a Barcelona, ​​repasa en profundidad la historia de este arte entre el siglo XVIII y 1979. “El arte del más difícil todavía”, como él lo llama, vivió una época dorada en la ciudad. Fue gracias a los numerosos circos ambulantes que la visitaban, pero sobre todo a raíz de la instalación de 2 circos permanentes en la capital catalana.

El primero se situó en el centro de la plaza de Catalunya. Se llamaba Circo Ecuestre Barcelonés y ofreció espectáculos circenses durante 16 años, de 1879 a 1895, un hito jamás alcanzado por ningún otro establecimiento del sector. Su programación era regular y de calidad, y además, tenía cabida para 3.000 espectadores. Es por ello que se convirtió en el segundo lugar de ocio más frecuentado por los barceloneses de la época, después del Liceu. Fue derribado para urbanizar la plaza.

No fue hasta 1924 que Barcelona tuvo un nuevo local de circo estable. Fue con la construcción del Teatro Circo Olympia, en la esquina de la ronda de Sant Pau con la calle de Aldana. Era un espacio espectacular: tenía una cúpula ortogonal de 35 metros, disponía de los últimos avances en maquinaria, luces y escenografía y tenía capacidad para 5.600 personas. Fue un espacio pluridisciplinar, ya que también se programaron ahí espectáculos teatrales, de ballet, de ópera y combates de boxeo. Fue demolido en 1947.

El primer Festival Mundial del Circo

Barcelona también fue la sede de una iniciativa circense muy destacada. En 1956 se celebró el primer festival del mundo entendido como competición en el Palacio de los Deportes. El público eligió a la trapecista Pinito del Oro como ganadora del evento. A lo largo de 10 años se presentaron grandes números con muchos animales, ya que la grandiosidad del espacio lo permitía. Ya hacia los años ochenta, el circo tradicional dio paso al circo contemporáneo, con la incorporación de fórmulas artísticas nuevas, más ricas y variadas.