“La calle de Montcada no era una calle exclusiva, sino diversa”

Hablamos con Albert Garcia Espuche sobre su trabajo histórico más reciente, plasmado en la obra 'La gent del carrer Montcada. Una història de Barcelona (segles XIII a XVIII)', editado por el Ayuntamiento de Barcelona. El historiador y arquitecto nos acerca a la cautivadora realidad de una de las calles más emblemáticas de Barcelona y, sobre todo, de la gente que vivió en ella, a través de dos volúmenes y más de 1.000 páginas.  

¿Cómo surgió la idea de esta obra y por qué la calle de Montcada?

De hecho, este es el último paso de una investigación que empezó en 1980. En este caso han sido seis años de trabajo, el tiempo razonable para la investigación y la elaboración. Tal como dice el título, la protagonista de la obra es la gente, en buena parte anónima. No es, pues, un libro sobre las casas de la calle de Montcada, aunque se proporciona mucha información sobre las mismas, sino sobre la gente que vivía en ellas.

¿Por qué, entonces, centrarse en las personas y la vida cotidiana?

Nosotros nos consideramos más importantes que la casa donde vivimos. Con el mismo espíritu se analiza la realidad histórica de la calle. El segundo volumen de la obra aborda el análisis familia a familia, ordenado a través de las casas, utilizadas como contenedor para clasificar la información tanto desde el punto de vista metodológico como desde el explicativo.

Cuando a Josep Pla le preguntaban por qué siempre escribía sobre la vida cotidiana, respondía: «¿Hay otra vida, además de la vida cotidiana?». En el caso de mis investigaciones prefiero hablar de vida en sociedad, o de economía y vida cotidiana. De hecho, economía y vida cotidiana son completamente inseparables.

¿Y qué encontramos cuando nos fijamos en la vida de estas personas anónimas?

La calle de Montcada se ha puesto como ejemplo de espacio nobiliario y de gente rica, muy exclusivo, sin actividad económica ni tiendas. El estudio de la actividad de miles de vecinos y propietarios, en cambio, permite definir con precisión y riqueza el verdadero contenido de la calle.

La obra muestra que, incluso en la calle de Montcada, de nivel medio-alto, el rasgo más sobresaliente es la diversidad. Esta diversidad se ajusta mucho a la realidad de la sociedad catalana de aquel periodo. Una de las casas más importantes de la calle, la de los nobles Bru, explica perfectamente la vía y también, el país. Debajo de su vivienda, esta familia notable alquilaba un espacio de planta baja donde abría puertas la Taverna del Gall, y otro donde funcionaba una fábrica de tabaco. Es decir, los nobles Bru no tenían inconveniente en tener bajo sus pies una taberna, un lugar conflictivo por naturaleza, y un negocio con molinos de sangre que hacían bastante ruido. Era necesario saber convivir con la diversidad, incluso si era molesta, y obtener unas ganancias razonables.

Para las personas que conozcan menos el sistema nobiliario catalán, ¿qué es un ciudadano honrado y en qué se diferencia de un noble?

Es un título que supone un camino hacia el ennoblecimiento. Está por debajo de doncel, caballero y, finalmente, noble. Los mercaderes ricos aspiraban a ser ciudadanos honrados y cuando lo eran aspiraban a ser donceles, etc.

En la calle de Montcada se hace evidente la importancia que tenía en la ciudad el ascenso social. Pero la vía no suponía la etapa final del ascenso, sino una intermedia. De hecho, en la calle de Montcada vivían ramas secundarias de las familias importantes, las principales lo hacían en lugares más preeminentes, como la calle Ample. Los enlaces matrimoniales eran esenciales para ascender. En los árboles genealógicos de la obra se ve cómo se entrelazan las familias, cómo la calle funciona como una especie de «espacio casamentero».

¿Cómo se organizaban las familias de la calle de Montcada?

Dentro de la casa, la organización es bastante clara. En la planta baja quedaban los servicios de la casa (almacenes, cochera, caballeriza, cocina para la colada, etc.) y, en la parte de la fachada, una o más tiendas, que también son vivienda, alquiladas a otras familias. La primera planta era la principal, con una primera sala o recibidor, una segunda sala y a veces, una tercera, el comedor, el estrado (espacio íntimo de las mujeres) y las habitaciones de la familia. En la otra planta o buhardilla quedaban las habitaciones de los criados y las criadas, los guardarropas, etc. La casa en sí misma suponía una estratificación vertical de la diversidad, presente en la calle de otros modos.

Hablas mucho de casas, pero nosotros conocemos los edificios de esta calle como palacios…

Después de la Guerra Civil española se usa por primera vez el término palacio para hablar de las casas de la calle de Montcada. Se trata de una denominación errónea desde el punto de vista histórico. En el período que nos ocupa, las casas importantes recibían el nombre de «casas grandes». No se utilizaba nunca el término palacio. Este se aplicaba solo a las sedes de los poderes «externos» a la ciudad: el palacio del rey, el palacio del virrey, el palacio del obispo, etc. Incluso la casa de todos los barceloneses era la «Casa de la Ciudad» (ahora Ayuntamiento) y la casa de todos los catalanes era la «Casa de la Diputación» (ahora Generalitat). La calle de Montcada muestra claramente el proceso de suma de casas menores, especialmente durante los siglos xvi y xvii, para formar unas «casas grandes». Así, la casa Dalmases es el resultado de sumar cuatro casas.

¿Cómo has podido desarrollar esta investigación tan profunda? ¿Qué fuentes y recursos has utilizado?

En principio, repasar la vida de los vecinos y propietarios de una calle como la calle de Montcada durante siglos es algo imposible. Pero se puede llevar a cabo con bastante éxito a través de múltiples fuentes documentales y, especialmente, haciendo uso sistemático de las actas notariales, un trabajo que inevitablemente tiene que durar varias décadas. En el transcurso de la trayectoria de investigación he tenido que barajar más de un millón doscientos mil documentos notariales.

En el periodo estudiado, casi todo quedaba reflejado en las actas notariales. Disponemos de contratos matrimoniales, testamentos e inventarios post mortem, pero también de documentos que hablan de negocios, de viajes y de mil cosas más. La verificación de todo por parte del notario era fundamental. La viuda, por ejemplo, tenía que hacer inventario post mortem como muy tarde un mes después de la muerte del marido para dejar claro que no hacía ningún tipo de trampa. Esta voluntad de «fe púbica» quedó bien patente en momentos dramáticos como los sitios: destaca el caso de la noble con el marido muerto defendiendo la muralla, la casa derruida por el bombardeo y los muebles diseminados por los conventos de la ciudad, que va al notario para comunicarle que solo se retrasará un poco en el plazo para hacer el inventario.

¿Qué querrías destacar de la calle de Montcada y su gente?

Tal como he dicho, la palabra clave es «diversidad»: diversidad social, económica y funcional. Era una calle con nobles (no de nobles), donde también vivían mercaderes, banqueros, veleros y miembros de muchos oficios más, donde abrían puertas tiendas variadas y tabernas y donde, incluso, funcionaron fábricas de laneadores.

Podéis encontrar La gent del carrer Montcada. Una història de Barcelona (segles XIII a XVIII) en las librerías habituales y en la Sala Ciutat. Es la obra más completa –dos volúmenes y más de mil páginas– y también la más cautivadora para conocer y entender la historia de la Barcelona medieval y moderna a través de uno de los lugares más significativos de la ciudad: la calle de Montcada.

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