Entendemos el jardín como un espacio seguro y de encuentro, el cual nos ofrece un montón de oportunidades educativas. Es un lugar más de la escuela donde los niños pueden actuar libre y autónomamente, siendo protagonistas de su juego y por tanto de su aprendizaje. Se convierte en un espacio privilegiado, con muchas posibilidades esenciales para el desarrollo del juego libre y con un inmenso potencial en cuanto a sus beneficios educativos:
- El desarrollo personal con repercusiones directas en la autoestima.
- La gestión emocional.
- La motivación por la relación y el entendimiento con los demás.
- La mejora en las formas de organización, cooperación y colaboración.
- La convivencia con los demás respetando las normas y los hábitos cívicos.
- La participación con responsabilidad en la toma de decisiones, utilizando una manera de comunicarse que según la edad del niño es con la palabra, el gesto, etc. para llegar a acuerdos, asumiendo obligaciones y responsabilidades.
Las propuestas al aire libre pueden convertirse en un buen espacio de aprendizaje. Para que se convierta en este fin, previamente, ha sido pensado para el equipo de la escuela teniendo en cuenta cuáles son las necesidades de los niños según su momento evolutivo.
Tenemos presente estos criterios para formar los diferentes espacios de juego que se pueden encontrar en nuestro jardín:
- Que se convierta en un espacio de relación.
- Que ofrezca las posibilidades motoras que los niños necesitan como saltar, correr, esconderse.
- Que ayude a desarrollar la psicomotricidad fina.
Todo ello en un entorno seguro, natural y que facilite la exploración y descubrimiento por parte del niño de forma espontánea, activa y autónoma. Las propuestas y distribución de los espacios proporcionan la seguridad necesaria para actuar y compartir experiencias, sin necesidad de la intervención constante y directa del adulto.
Los espacios de juego de nuestro jardín, los cuales están organizados por ambientes, los podemos dividir en:
- Elementos lúdicos de juego: estructuras de madera para potenciar el equilibrio, el juego simbólico (cocinilla), el juego motriz (módulo de madera) ...
- Elementos naturales: árboles y plantas frondosas para ser propiciadores de momentos de exploración y experimentación, el iglú de hiedra, plantas aromáticas...
Con esta distribución, los niños deciden a dónde y cuándo ir de un ambiente a otro, según la necesidad que tenga en cada instante. Nuestro papel como educadoras es asegurar las condiciones necesarias y apoyar con nuestra atención las iniciativas de los niños tanto cuando juegan juntos como cuando un niño lo hace de forma individual. Creemos en la capacidad de los niños de cómo jugar, a qué jugar, durante cuánto tiempo, etc. ya que consideramos su juego como una actividad autónoma.
Por lo tanto, nos posicionamos en un lugar del jardín donde los niños nos encuentren disponibles (un ambiente por adulto), para que puedan sentirse acompañados/as y seguros/as en su juego, sobre todo en aquellos momentos de conflicto donde el niño necesitará un acompañamiento. Nuestra tarea principal sigue siendo la de observar y acompañar a los niños, además de preservar el material, ordenar y también acoger sus necesidades de higiene y cuidado.
"El jardín de la escuela es el espacio exterior que poco a poco,
el niño también irá haciendo suyo. "
(Rosa Vidiella: El jardín en la escuela.)