LA HORA DE COMER, CON VELAS

Para los humanos el fuego es un elemento natural que nos ha acompañado, a partir de saber controlarlo, desde hace más de un millón de años. Lo hemos utilizado, entre otras cosas, para protegernos del frío y del ataque de los animales, para poder hacer actividades en la obscuridad, para cocinar y hacer más digeribles algunos alimentos, y para explicar historias en grupo a su alrededor.
 
En la escuela, cada día a la hora de la comida, encendemos una vela de cera alba que nos acompanya el tiempo que dura la actividad. És una rutina que marca el tiempo de esta actividad tan importante que es el comer. La luz de la vela nos transmite serenidad y harmonía, simbólicamente representa el calor del hogar y de la familia, en este caso la familia escolar.
 
Después de lavarnos las manos, nos sentamos a la mesa y repartimos los baberos, nombrando a cada niña y cada niño por su nombre. Cuando todo el mundo está en su sitio, bien preparado y atento, apagamos las luces de la estancia para crear un ambiente recogido y acogedor. Las educadoras llevamos hasta la mesa la vela, en un recipiente  transparente y seguro, la mostramos y encendemos ante las miradas curiosas y tranquilas de las criaturas, la dejamos con suavidad en el centro de la mesa e iniciamos el proceso de la comida. Una vez acabada ésta, un niño o niña de cada mesa sopla y apaga la vela, y la guardamos hasta el día siguiente.
 
(Esta es una variante que hacemos en nuestra escuela del “Juego del Silencio” de Maria Montessori)
 
 

Compartid este contenido