Sigurbjörg Þrastardóttir: "En Vil·la Joana, el tiempo ha sido mi amigo"
La autora islandesa comparte su experiencia en la residencia literaria, donde ha avanzado un proyecto sonoro en medio del bosque y la memoria de Verdaguer.
Durante tres semanas de primavera, la poeta y dramaturga islandesa Sigurbjörg Þrastardóttir (Hafnarfjörður, 1973) vivió y escribió en Vil·la Joana. La experiencia, dice, le ha dejado una sensación entre la extrañeza y la añoranza: “Es curioso cómo algo fuera de lo habitual se convierte rápidamente en normalidad. Cuando estaba allí, el bosque, la imponente casa y los trayectos en tren me parecían muy normales; pero ahora me doy cuenta de qué mundo tan lujoso era aquel para moverse en él.”
Þrastardóttir ha publicado una decena de libros de poesía, relatos y prosa, y combina la escritura con la traducción y el periodismo cultural. En la residencia barcelonesa ha desarrollado un proyecto de obra sonora en proceso: “Soy más bien reservada con los proyectos que están en gestación, pero puedo decir que se trata de una especie de pieza de teatro para escuchar.” Gran parte de la escritura la llevó a cabo al aire libre: “Trabajaba en el balcón, bajo un toldo, y el proyecto avanzaba en la dirección correcta. El tiempo fue mi amigo.”
En Vil·la Joana coincidió con otros escritores residentes procedentes de Ucrania (Ilaria Shevchenko) y Taiwán (Enkaryon Ang), con quienes compartió momentos de conversación, eventos literarios y la rutina doméstica de la cocina. También aprovechó la coincidencia con el festival Barcelona Poesia para asistir a recitales y conciertos, entre los cuales destaca el de Laurie Anderson y el dúo Jansky.
El vínculo de Þrastardóttir con Barcelona viene de lejos. Descubrió la ciudad en 2005 y residió en ella durante unos meses poco después, en el barrio del Born. “Entablé amistad con jóvenes poetas de la ciudad, a menudo en el legendario club L’Horiginal. Esta vez me he reencontrado con algunos de aquellos conocidos, que siguen haciendo cosas extraordinarias.” La autora reconoce sentir una gran conexión con la cultura catalana: “Formar parte de una lengua que no se considera grande a nivel universal, pero que tiene una tradición literaria viva y vital, me resuena mucho.”
Recuerda también que cogió una neumonía durante la estancia, aunque sospecha que la causa no fue el balcón de Vil·la Joana, sino “el aire acondicionado de alguna galería de arte”. Con todo, destaca el valor del tiempo para la creación, la importancia de escucharse antes de hacer una residencia y la certeza de que “si tienes un proyecto que necesita espacio y tiempo, o ganas de perderte en una ciudad nueva, o de probar suerte con nuevos colegas, intentar realizar una residencia literaria es el camino”.
Actualmente, Þrastardóttir trabaja en la revisión de su obra teatral, traduce letras italianas y prepara cinco microrrelatos nuevos para una revista literaria. Una actividad intensa, en la que la huella de Collserola y de Vil·la Joana seguramente seguirá haciéndose sentir.
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