Envejecer lejos del país de origen

Inmigración. El volumen creciente de personas mayores migradas es una nueva realidad en la ciudad y, por este motivo, el Consejo Municipal de Inmigración lo ha elegido como eje temático del año 2019.

Juanita tiene 71 años. Llegó de Honduras a Barcelona hace dos años para visitar a su hija y se quedó porque la necesitaban para cuidar a las criaturas de la familia.

Como este hay muchos casos, pero también personas que envejecen aquí, que trabajaron desde muy jóvenes en Barcelona, y que formaron parte de los procesos de inmigración de los años setenta y ochenta. O bien personas mayores, con sus familias, que han huido de conflictos y son refugiadas en la ciudad.

El envejecimiento de la población en Europa es un fenómeno que están tratando desde hace años las administraciones, pero el caso de las personas migradas, que es relativamente reciente, añade algunos elementos específicos que también deben abordar las políticas sociales: las bajas cotizaciones, la poca movilidad, la falta de red social o el idioma son solo algunos de los componentes que hacen que su situación sea, de facto, más vulnerable que la de las personas mayores autóctonas.

Abordar una temática emergente

El Consejo Municipal de Inmigración de Barcelona (CMIB) escogió el tema de las personas migradas y el envejecimiento como eje de trabajo para el 2019 porque había que abrir una ventana hacia esta nueva realidad.

Esta elección se ha plasmado en el encargo del estudio «Personas migradas y envejecimiento en Barcelona» a la investigadora Gabriela del Valle; la redacción del manifiesto «Por un envejecimiento activo, con derechos y bienestar para las personas migradas y refugiadas en Barcelona», que se leyó en el Encuentro BCN Ciutat Diversa del pasado noviembre, y el Premio del CMIB del 2019, que se ha otorgado a la entidad Catnova.

De esta forma se reconoce la labor que ha llevado a cabo la entidad en el último año, en relación con el envejecimiento de las personas migradas; por una parte, garantizando sus derechos con asesoramiento jurídico; y, por otra, mejorando sus condiciones vitales previniendo el aislamiento, la soledad y la exclusión.  para entidades que trabajan en proyectos relacionados con personas mayores migradas.

Este año el Premio del Consejo Municipal destaca proyectos que tratan la relación entre las personas migradas y el envejecimiento

Con respecto al estudio de la experta Gabriela del Valle, todavía no está publicado, pero en el Encuentro BCN Ciutat Diversa presentó algunas de las conclusiones preliminares, entre las que destacan: la diversidad del colectivo, la gran intensidad de las dificultades inherentes al envejecimiento que viven las personas por ser migrantes y la circunstancia de que aún es un tema muy incipiente para la Administración y para las entidades que trabajan en el ámbito de las migraciones y las personas mayores.

Un colectivo diverso

Las personas mayores migradas son diversas por sus orígenes, pero también por la trayectoria con la que han llegado a la ciudad: no es lo mismo una persona reagrupada por su núcleo familiar, cuando ya es mayor, que una que llegó hace décadas para trabajar, formó una familia y se ha quedado.

Macrina Alcedo, de la Federación de Entidades Cívicas y Religiosas Filipinas de Barcelona (KALIPI), participó en el estudio y explica que «la comunidad filipina tiene un grueso importante de mujeres que están envejeciendo aquí, después de llegar en los años setenta y ochenta para trabajar como internas en familias catalanas».

Muchas mujeres migradas que han trabajado en el ámbito de los cuidados lo siguen haciendo, ya mayores, dentro de la misma familia

«Muchas», remarca Macrina, «siguen trabajando, haciendo la misma labor de cuidados, pero en casa de sus hijas e hijos: cuidándoles las criaturas. No han dejado nunca de trabajar y están muy cansadas. Una de las pocas actividades que pueden hacer y las relaja son los encuentros en la parroquia de Sant Agustí, una vez a la semana».

Por otra parte, tenemos a las que, como Juanita de Jesús, han llegado ya mayores para cuidar de los nietos y nietas, y que han dejado su vida atrás, más o menos difícil, pero en su casa. Han dejado al resto de la familia, la comunidad y han emprendido una aventura en una ciudad completamente distinta.

Juanita lo está aprovechando para hacer algo que en su país de origen no hacía: activismo; es miembro de la Asociación Mujeres Migrantes Diversas y ayuda en lo que puede en la organización, pero echa en falta la iglesia de su barrio en Tegucigalpa y su entorno.

La persona mayor migrada tiene cara de mujer

En cuanto al género de las personas mayores migradas en Barcelona, un 62 % son mujeres y un 38 % son hombres, y eso hace que sea un colectivo en general más precarizado que el conjunto de las personas mayores (las mujeres, por el mero hecho de haber llevado a cabo tareas no remuneradas y haber cotizado menos o nada en algunos casos, tienen pensiones más bajas que los hombres).

No se dispone de cifras exactas sobre los perfiles profesionales del 62 % mencionado, pero queda claro que en las últimas décadas la labor de cuidados y del hogar ha recaído sobre el colectivo de mujeres migrantes, perfil precario por definición: sin contratos y, por lo tanto, sin cotizaciones o con contratos muy básicos, que compatibilizan menos horas de las realmente hechas, tal y como refleja la medida de gobierno para una democratización del cuidado.

Dificultades compartidas

A pesar de la gran diversidad, las personas migrantes que están envejeciendo en la ciudad de Barcelona afrontan unas dificultades comunes que Gabriela del Valle resume de la siguiente forma: escasa cotización, discriminación y desigualdad, problemática de la vivienda y situación jurídica.

Por muchos años que las personas migradas, y en especial las mujeres, hayan pasado trabajando aquí, muchas no podrán acceder a una pensión digna. La mayoría no han cotizado o han cotizado muy poco porque les ha sido difícil acceder a un contrato laboral y están abocadas a una pensión no contributiva que, como máximo, será de 394 euros mensuales (14 pagas); ayuda que solo podrán cobrar viviendo en Barcelona y que quizás en su país de origen sí les serviría para vivir dignamente.

Las personas migrantes que están envejeciendo en la ciudad afrontan dificultades como la escasa cotización, la discriminación o la desigualdad

Con respecto a la discriminación y las desigualdades, las personas mayores migradas sufren las mismas que las jóvenes, pero con el agravante de que el choque cultural y el desarraigo, para las personas que vienen cuando ya son mayores, es más fuerte.

El idioma es a menudo una barrera que algunas personas inmigrantes no han podido superar, porque están confinadas a cuidar de los niños en casa, situación que no ayuda a una inclusión real en la sociedad de acogida.

Al mismo tiempo, la problemática de la vivienda es un obstáculo que afecta a todos los sectores de población con pocos recursos; en el caso de las personas mayores migradas, se añade a ello la falta de una familia extensa que pueda asumir su residencia.

En cuanto a la situación jurídica, Del Valle asegura que, durante el año en el que ha hecho las entrevistas para elaborar el estudio, ha encontrado a muchas mujeres de más de 50 años que no se habían empadronado nunca, a pesar de que hacía muchos años que vivían en la ciudad.

Aportar riqueza a nuestra sociedad

Las personas mayores son fuente de sabiduría, sea reconocida, que lo es en algunas culturas, o no, como a menudo pasa en la nuestra. Con respecto al colectivo migrante, son las garantes de las tradiciones, las que todavía tienen un vínculo profundo con la lengua y la cultura propias.

Como expresa el manifiesto del CMIB, «son otras miradas a nuestra sociedad, impregnadas de valores y resiliencia», y como tales se debe reconocer su aportación a la sociedad. Además, en el caso de las mujeres, las labores de cuidados en su familia hacen posible que muchas personas de origen extranjero lleven a cabo trabajos, a menudo poco remunerados, que ayudan al sostenimiento de la economía.

El envejecimiento activo: el reto de las administraciones y las entidades

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el envejecimiento activo como el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el objetivo de mejorar la calidad de vida a medida que envejecemos.

Para seguir en esta dirección y que las personas mayores migradas también puedan disfrutar de ello en Barcelona, el CMIB propone varias acciones, como incluir el tema en la agenda política local, regional y estatal para coordinar recursos y servicios; seguir el modelo de Atención Centrada en la Persona, desde la perspectiva individual y comunitaria; y reivindicar los mecanismos de los procesos de migración que afectan especialmente a las personas mayores migradas (reagrupamiento, por ejemplo), entre otros.

Porque, como dice Gabriela del Valle, la apuesta del CMIB tiene que permitir «pensar cómo la ciudad nos puede dar oportunidades, a todo el mundo, para ir envejeciendo bien, no de golpe, a los 65 años, y en condiciones precarias».