Pina Quiñones Cortez

Entrevistas. “A veces parece que las personas mayores de origen migrante no existimos”

Pina Quiñones Cortez nació en 1951 en Perú, donde estudió, se casó y donde tuvo tres hijos. Sin embargo, a pesar de tener un buen trabajo, decidió abandonar su país debido a la situación política, económica y social. Vino a España con 39 años,  dejando a sus hijos en su país (dos adolescentes y una niña). Al llegar, se encontró con trabas burocráticas para convalidar sus estudios, y tuvo que acabar dedicándose a trabajos que no correspondían con su formación, con la intención de mantener a su familia. A lo largo de todo este tiempo, siempre ha estado cerca de las personas mayores, queriendo dar los cuidados y cariño que no podía dar a sus padres, por lo que cuidar a estas personas se ha convertido en su vocación. Hoy, se define como una “jubilada precaria”, y dedica su tiempo al Centro Peruano en Barcelona, dónde colabora con distintos colectivos de personas migrantes, además a disfrutar de su familia y su papel de abuela.

 

Este año 2019, el Consejo Municipal de Inmigración de Barcelona (CMIB) dedica la temática de su premio anual al envejecimiento y la inmigración. Desde tu punto de vista, ¿cómo afecta esta doble discriminación a las personas migradas en España?

Creo que para explicar esta problemática hay que tener en cuenta el boom migratorio que tuvo lugar en España en la década de los 90’, y en la que yo misma me incluyo. Durante esos años, muchísimas personas de mediana edad (30-40 años) emigramos a este país con la intención de conseguir unas condiciones de vida mejores. Muchos de los adultos que llegaron en esa década son ahora personas que están entrando en el sexenio, y que, por tanto, ya están empezando a jubilarse o pronto tendrán que hacerlo. Es decir, los inmigrantes que llegamos entonces hemos envejecido. Es natural, un proceso vital.

Sin embargo, para muchos de nosotros y nosotras, el hecho de ser inmigrantes supone incertidumbres añadidas, que las personas envejecidas nativas no han de enfrentar en igual medida: pasar la vejez en un entorno extraño (especialmente para aquellas que han venido por reagrupación familiar, ya mayores), las dificultades de acceder a servicios sociales, prestaciones, etc. Al fin y al cabo, este es para las personas que migramos un país de acogida y, por ello, muchas veces las personas mayores no conocemos los recursos existentes, o no sabemos cómo acceder a ellos.

En este sentido, me gustaría destacar que la razón principal por la cual el CMIB ha decido que la temática de este año de su premio sea el envejecimiento y la inmigración, es el haberse dado cuenta de esta realidad que acabo de explicar, y de la importancia de empezar a visibilizarla.

 

¿Qué problemáticas específicas sufre la población migrante envejecida en España, que no sufren sus coetáneos?

Pues, en línea con la pregunta anterior, creo que algunas de las principales problemáticas que enfrentan las personas migrantes que no sufren tanto sus coetáneos son: el acceso a una pensión de jubilación y el enfrentarse a la vejez en una situación de soledad.

En el caso de la primera problemática, hay que tener en cuenta que muchas veces las personas mayores hemos trabajado aquí sin contrato, y, por tanto, sin seguridad social; frecuentemente, aún si hemos cotizado, no llegamos al mínimo de años necesarios para recibir una pensión contributiva. Ello supone, consecuentemente que, si tenemos acceso a una pensión, esta será en la mayoría de los casos muy precaria. Esto supone un gran problema, tanto para las personas que no cuentan con un soporte familiar en el país de acogida, y que, por ende, pueden verse incapaces de cubrir sus necesidades más básicas, cayendo en situaciones de vulnerabilidad y precariedad extrema; como para las que sí cuentan con red familiar, ya que muchas veces, estas familias están, a su vez, sumergidas en una situación límite a nivel socioeconómico y, además, a menudo sus miembros trabajan todo el día.

En el de la segunda problemática, aunque es cierto que muchas de las familias que emigramos aquí en los 90’ conseguimos reunirnos en España gracias a la reagrupación familiar, muchas otras no lo consiguieron. Hubo también muchas personas que dejaron atrás sus hogares para venir aquí a conseguir trabajo y enviar remesas a sus familias pero que, por falta de voluntad, información, recursos o por diferentes trabas administrativas, no pusieron en marcha estos procesos de reagrupación o no consiguieron que estos tuvieran éxito. Estas personas, muchas de ellas madres que a día de hoy superan ya los 60 y los 70 años, no cuentan, por lo tanto, con el soporte de sus familias, que continúan en el país de origen, habiendo de tener que enfrentarse a esta etapa de su vida aquí, en un país extraño, y en casi completa soledad.

Además, insisto de nuevo, en que estas problemáticas irán adquiriendo una mayor magnitud conforme avancen los años y, por ahora, no parece que desde las administraciones públicas se estén poniendo mecanismos para darle respuesta y evitar enviar a la exclusión social a muchas de estas personas. Por ello creo, volviendo a la respuesta de la pregunta anterior, que hay que hablar de este tema, hacer que se vea.

 

¿Puedes explicarnos un poco más cuáles son estas trabas administrativas a las que se enfrentan las personas mayores migrantes?

Desde mi punto de vista, la principal traba administrativa que enfrentan las personas mayores migrantes en los países de acogida es la falta de información. El desconocimiento es, muchas veces, una gran dificultad. Después, evidentemente, lo tedioso de las gestiones, las distancias a recorrer, los horarios, la lentitud de los procesos burocráticos, en muchos casos agudizada por los problemas de gestión en los países de origen, etc.

Quiero dejar claro que existen convenios bilaterales con muchos países de América Latina y España, que facilitan a estas personas el proceso de sacar los cómputos de cotización de quienes tienen algún tiempo trabajando en sus países, y traer su jubilación al país de acogida. Sin embargo, muchas personas migrantes lo desconocen y tampoco se hacen campañas de información al respecto desde las administraciones públicas, o al menos no de manera amplía, con lo cual esta brecha informativa no se supera. A ello hay que añadir, además, que no siempre las personas que trabajan en la administración pública están bien informadas y/o formadas, acerca de estos procesos (algunos muy complejos), lo cual, evidentemente, no ayuda.

Al final, muchas de las personas que hemos conseguido traer aquí nuestras pensiones somos quiénes acabamos informando a otras sobre cómo funcionan estos trámites. Además, también están las embajadas y los consulados de cada país, que por lo general deben saber informar a sus ciudadanos y ciudadanas.

Y, finalmente, están las asociaciones, como el Centro Peruano en Barcelona, en el que yo llevo años trabajando y dónde, entre otros servicios, contamos con un abogado que asesora de manera gratuita, sobre todo a personas mayores, acerca de los trámites, y las dificultades que estos implican, que desean jubilarse y han trabajado en su país de origen y en el de acogida. Igualmente, también llevamos a cabo sesiones informativas, tanto para personas individuales como para profesionales de la administración pública, sobre estos procesos. En definitiva, para una persona migrante, acceder a una jubilación, puede ser algo muy complicado y largo. Algo que es, a todas luces, discriminatorio.

Paralelamente, también me gustaría destacar otra problemática específica que tiene que ver con la reagrupación familiar para las personas mayores. Al menos desde mi experiencia, lo que yo me he encontrado en algunos casos es que hay familias que, tras establecerse en el país de acogida, han apostado por traerse a sus mayores, por querer tenerles cerca. Este proceso, lo han puesto en marcha gracias a la reagrupación familiar. Sin embargo, esta no siempre es exitosa ya que, algunas de estas personas mayores no consiguen adaptarse al país de acogida, y acaban queriendo volver a sus países de origen, perdiendo así sus permisos de residencia, y dificultando mucho a sus familias el poder volver a traerles después al tener que cumplirse plazos administrativos temporales.

 

¿Y las personas mayores migrantes en situación de dependencia?

Pues, por supuesto, estas también se enfrentan a situaciones muy difíciles. Sobre todo, porque muchas de ellas ni cuentan con recursos económicos ni con red familiar. Ello supone que dependen totalmente de la administración pública y de la buena voluntad de sus vecinos y vecinas. Sin embargo, si estando en esta situación de vulnerabilidad física, psicológica y emocional, estas personas no acaban pudiendo acceder a pisos comunitarios que les permitan cubrir sus necesidades básicas por una cuestión de desinformación, vulnerabilidad social y/o situación administrativa irregular, o simplemente por sobre saturación de los servicios públicos; se ven abocadas sin remedio a la exclusión social y/o al tener que trabajar, a edades muy avanzadas y con altos grados de fragilidad física, en trabajos muy precarios, para asegurarse la subsistencia.

 

¿Existen otros factores que impidan que algunas personas mayores migrantes acudan a los servicios sociales? ¿Cuáles son?

Sí que existen. Para mí la principal es la barrera del idioma. Y aunque es evidente que ésta no afecta a colectivos de origen latinoamericano, sí lo hace y de manera determinante a las personas mayores originarias, por ejemplo, del Norte de África y Oriente Medio. En el caso de estas, vemos que, al desconocimiento acerca de los servicios sociales disponibles, se une la barrera idiomática. Ello supone que aquellas personas de edad avanzada que no conozcan el idioma local se encuentren con serias dificultades para conocer qué dispositivos y recursos están a su alcance.

Para subsanar esto, creo que sería indispensable disponer de material informativo sobre las diversas ayudas y opciones para mejorar la calidad de vida que ofrece el ayuntamiento a la gente mayor en más idiomas; este material podría ser distribuido en los centros de salud de manera proactiva, ya que es a estos centros a los que, por un motivo o por otro, acaban llegando las personas que forman este colectivo, tanto solas, como acompañadas por sus familiares. También creo que en algunos hospitales y para casos relevantes, las personas que trabajan en este sector deberían de poder contar con el apoyo de traductores, a la hora de valorar casos específicos, como, por ejemplo, los de maltrato. Sé que algunos recursos disponen de traductores, pero no todos lo tienen, dejando a una parte de la población migrante desprotegida.

 

¿Dirías que desde las administraciones públicas se tiene cuenta la diversidad cultural en relación a las personas mayores de la ciudad, a la hora de impulsar iniciativas de ocio?

En primer lugar, me gustaría destacar que, aunque en todos los distritos existen espacios destinados a las personas mayores, no en todos se ofrecen opciones de ocio o de envejecimiento activo. Además, en estos espacios para mí vuelve a darse el mismo problema antes mencionado: la barrera idiomática, y, en muchos casos, el hecho de que las actividades que se desarrollan no sean para nada atractivas culturalmente, para ciertos colectivos.

Vuelvo a referirme sobre todo al de las personas del Norte de África y/o Oriente Medio. Al fin y al cabo, para las personas mayores que tenemos origen latinoamericano, este ocio está mucho más en línea con nuestras posible aficiones y gustos, ya que culturalmente tenemos muchas cosas en común con el país de acogida. Sin embargo, para las personas mayores a las que hago mención, muchas de las actividades ofertadas les son totalmente ajenas; esto, unido a la barrera del idioma, hace que estas acaben sintiéndose totalmente al margen de cualquier iniciativa.

 

¿Crees que el edadismo, entendido como estereotipificación y discriminación contra personas o colectivos por motivo de edad, tiene algo que ver con que no se tenga en cuenta que las personas mayores migrantes están envejeciendo?

Creo que el edadismo juega un papel crucial, en términos de discriminación, sobre todo en lo referente al discurso público, y, en especial, al ofrecido por los medios de comunicación. Esto se debe, en primer lugar, a la invisibilización que se hace de las personas mayores de origen migrante, puesto que muchas veces parece que no existimos. Toda la publicidad está enfocada a las personas jóvenes, y particularmente, a las personas jóvenes no migrantes. De ninguna manera estamos representados en los anuncios o los programas de televisión. ¿Por qué? Porque somos viejos.

Esto me lleva al segundo argumento que, creo, alimenta esta discriminación: la idea de que “ya no valemos”, que “ya no somos útiles”, despreciándose así todos nuestros aprendizajes, experiencias, vivencias…Socialmente, creo que es un auténtico desperdicio, ya que, las personas mayores tenemos muchísimo conocimiento que ofrecer, además de tiempo para hacerlo. Los medios deberían dejar espacio para las personas mayores, y representarlas como válidas y útiles. Y creo que esto debería hacerse desde una perspectiva intercultural, que ponga en valor, también, todo el valor añadido que puede aportar la diversidad cultural de las personas mayores migrantes.

 

¿Qué otros ejes de discriminación (género, clase social, identidad de género, orientación de género, salud…) tienen peso sobre las personas mayores migrantes en Catalunya y España?

Desde mi experiencia, creo que el género es un eje discriminatorio que incrementa de manera exponencial la vulnerabilidad de las personas mayores migrantes. Al fin y al cabo, son las que ponen sus cuerpos para llevar a cabo las tareas de reproducción y del cuidado, muchas veces a través de las llamadas cadenas del cuidado, dejando ellas a sus propias personas dependientes en sus países de origen. Y este trabajo que ellas aceptan, tanto en sus países de origen como en los de acogida, muchas veces se lleva a cabo en condiciones tan precarias, que muchas no quieren cotizar porque su salario es demasiado bajo, o directamente nunca han podido acceder a un contrato de trabajo.

¿Qué garantías tienen después estas mujeres de poder disfrutar de una pensión digna? Pues ninguna. ¿Qué acaba implicando esto? Pues lo mismo que comentábamos antes, que se vean abocadas a tener que seguir llevando a cabo tareas domésticas o del cuidado que realmente implican un desgaste físico muy alto, a pesar de graves dolencias o de encontrarse ya en edades avanzadas.

 

Finalmente ¿te gustaría destacar alguna iniciativa y/o buena práctica implementada por alguna administración pública y/o asociaciones de la sociedad civil, que esté desarrollando proyectos enfocados a las personas mayores migrantes?

Me gustaría mucho destacar el trabajo que realizan desde la Fundació Tot Raval, que sí me parece tiene muy en cuenta el origen multicultural de sus usuarios y usuarias en las actividades que lleva a cabo; y esto es algo que puede palparse cuando acudes a estas ya que ves que, efectivamente, la población mayor del Norte de África o de Oriente Medio, sí participa en las actividades.

Por otra parte, también me gustaría destacar, por supuesto, el trabajo que llevamos a cabo en el Centro Peruano de Barcelona, dónde no solo desarrollamos proyectos de asesoramiento orientados a apoyar a las personas mayores a enfrentar posibles trabas administrativas, sino que también implementamos programas de actividades diversas que promueven el envejecimiento saludable y hacemos acciones de incidencia, para conseguir que desde las administraciones públicas (sobre todo el ayuntamiento) sean conscientes de las principales barreras que se encuentran las personas mayores, y en particular las migrantes, a la hora de acceder a servicios municipales. Y en este sentido, me gustaría destacar nuestra última petición, en la que hemos manifestado la necesidad de reducir el precio de acceso a las piscinas municipales a este colectivo, para que así las personas mayores con menos recursos, puedan disfrutarlas, ya que este tipo de ejercicio tiene grandes beneficios para la salud.

 

Entrevista realizada por Almudena Díaz Pagés el día 22 de noviembre de 2019