Más allá del aceite de palma

Más allá del aceite de palma

Galletas, cereales, bollería, aperitivos, helados... ¿Están muy buenos pero sabemos que contienen aceite de palma y otros ingredientes que perjudican la salud y el medio ambiente?

El aceite de palma es un aceite vegetal que se obtiene del fruto de un tipo de palmera llamada Elaeis guineensis. Rico en vitaminas A y E, se ha utilizado desde tiempos inmemoriales para cocinar. Hoy en día sin embargo, forma parte de buena parte de los alimentos procesados que consumimos cada día como helados, galletas, snacks, margarinas, pizzas, postres preparados... ¿Por qué? Pues porque contiene grasas muy saturadas, lo que aporta sabor y textura a los alimentos y hace que tengan más consistencia y se conserven durante más tiempo. También lo encontramos en productos de higiene, como el jabón, los cosméticos y el biodiesel.

El 90% de la producción mundial de aceite de palma proviene de Malasia e Indonesia donde se talan grandes zonas boscosas con el impacto ambiental y social que ello conlleva. Cada hora se destruyen en el Sureste Asiático zonas de bosques que equivalen, en dimensiones, a 300 campos de fútbol. Y las consecuencias ya las sabemos. Los bosques tropicales absorben buena parte de las emisiones de CO2, son ecosistemas llenos de biodiversidad y muchas poblaciones locales dependen de sus recursos. Su desaparición hace pues más difícil la lucha contra el cambio climático, además de conllevar una importante pérdida de biodiversidad, hambre y desplazamientos de la población. Organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado las condiciones de trabajo lamentables que a menudo tienen lugar en estas plantaciones.

El aceite de palma además puede generar graves problemas de salud a los consumidores. El Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB Barcelona) ha demostrado que consumir sustancias con demasiadas grasas saturadas, como el aceite de palma, puede provocar que un tumor haga metástasis, que se expanda, es decir, cáncer.

Para saber si un producto contiene el aceite hay que fijarse en el etiquetado, pero a menudo se utiliza la expresión “aceite vegetal” para evitar el término “aceite de palma”. Una pista para saber si el producto tiene aceite de palma es prestar atención a las grasas saturadas: si el contenido de grasas saturadas supera el 40% del total de grasas, es prácticamente seguro que ha sido elaborado con aceite de palma, diga lo que diga el etiqueta.

Ante esta realidad, parece que empieza a haber consenso para limitar su consumo, regular su etiquetado, establecer normas estrictas que regulen la producción e incluso se habla de crear un impuesto para penalizar el consumo.

Todo estas medidas son necesarias y bienvenidas, pero el problema va más allá del aceite de palma. La cuestión no es si eliminamos el aceite de palma de nuestros alimentos sino si abordamos políticamente una problemática que está condicionando nuestra salud presente y futura, así como nuestro medio ambiente. Y cuál es esta problemática?

La alimentación insana. El 70% de todo lo que comemos son productos procesados, tal y como recoge la campaña “Dame veneno” de VSF Justicia Alimentaria Global. En España se ha incrementado muy considerablemente su consumo llegando atribuirse a la alimentación insana 90.000 muertes evitables al año. Dentro de estos productos es donde viajan los ingredientes críticos tales como las grasas (entre ellos el aceite de palma), la sal, el azúcar. Si observamos qué está pasando por ejemplo en productos como el azúcar o la carne que proviene de la ganadería industrial nos daremos cuenta que es lo mismo que ocurre con la palma: grandes multinacionales, explotación laboral, impacto ambiental, efectos nocivos sobre la salud...

Por tanto, las medidas que se quieren aplicar a los productos que contienen aceite de palma debería generalizarse a todos los alimentos procesados y englobarlas dentro de una política alimentaria que priorice el acceso a los alimentos con un buen perfil nutricional, ecológicos y socialmente justos.

¿Por dónde empezar?

Consume productos frescos, locales y de temporada, y si puede ser de agricultura familiar y sostenible, mejor
Evita, en la medida que sea posible, los productos procesados. Cocina y cuídate al mismo tiempo
Fíjate en las etiquetas y evita los alimentos que tengan un contenido elevado en grasas saturadas, sal y azúcar
• Apoya y difunde campañas como “Dame Veneno