Barcelona Cultura

Colección

Singulares

Singulares Anterior |   Artículo 10 de 42   | Siguiente

Los sellos de la Antàrtida

Los sellos de la Antàrtida

El siglo XIX fue una época dorada para los aventureros que se atrevieron a adentrarse en territorios inhóspitos, exóticos y desconocidos. Está claro que las grandes potencias europeas financiaban estas campañas de exploración para extender sus intereses políticos y económicos....

Segell de mig penic de Terra de Victòria, 1911. Col·lecció filatèlica Ramon Marull

Si pensamos en un territorio misterioso, de difícil acceso y supervivencia, este es la Antártida. Situada en el polo Sur de la Tierra, es el sexto continente, lo último que se descubrió. La práctica totalidad de su superficie está cubierta de hielo y está sometido a un clima extremo que dificulta la existencia de la biodiversidad. No obstante, es el hábitat de determinadas especies de animales, vegetales y hongos que han logrado adaptarse a las duras condiciones de vida. Sería el caso de los pingüinos, las ballenas, el krill o pepinos de mar, entre muchas otras especies.

A pesar de haber testigos de la presencia de la Antártida desde principios del siglo xvii, no es hasta la llegada del siglo xix que ésta se puede documentar. Los primeros visitantes de estas tierras fueron los cazadores de focas y ballenas, que sólo permanecían el tiempo necesario para la captura.

Los cazadores ayudaron a situar el continente en el globo terráqueo. Poco después se empezaron a realizar expediciones subvencionadas por diferentes estados. Rusos, suecos, noruegos y argentinos se internaron en la superficie helada de la Antártida. Aunque las campañas de estos países alcanzaron grandes logros, hoy nos interesa hablar de las misiones subvencionadas y dirigidas desde el Reino Unido, ya que figuran entre las más destacadas en cuanto a la importancia de los descubrimientos realizados, y más específicamente, por la vinculación de estas expediciones con algunos sellos de la colección Marull.

800px-James_Clark_Ross

Uno de los primeros y más influyentes exploradores británicos fue el navegante Sir James Clark Ross (1800-1862), pionero en la cartografía de los territorios polares. Antes de aventurarse hacia el polo Sur, Sir James, junto con su tío John Ross, dirigió varias expediciones al Ártico, consiguiendo éxitos tan destacados como la localización del polo magnético o el descubrimiento de la isla de Somerset.


Su prestigio profesional favoreció que entre el 1839 y el 1843 fuera elegido para comandar una expedición a la Antártida con los barcos Erebus y Terror. Fruto de este viaje fueron los descubrimientos del mar y barrera de Ross, los volcanes Erebus y Terror y también, de la Tierra Victoria, denominada así en honor de la reina Victoria del Reino Unido.

Erebus_and_terror_1840

HMS Erebus y HMS Terror, 1840. Fuente: National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las notas de sus viajes fueron publicadas en Voyages of Discovery and Research to Southern and Antartic Regions (1847) y poco después, en 1848, fue reconocido como miembro de la Royal Society, en honor a su exitosa trayectoria profesional.

The_zoology_of_the_voyage_of_the_H.M.S._Erebus_and_Terror_(6258362374)

Ilustración procedente de “The zoology of the voyage of the H.M.S. Erebus & Terror”. Fuente: Biodiversity Heritage Library

Más allá de los descubrimientos geográficos, en su honor se nominaron nuevas especies animales, como la foca de Ross (Ommatophoca rossii) o la gaviota Ross (Rhodostethia rosea).


La Expedición Discovery (1901-1904), bajo el mando del capitán Robert Falcon Scott y con una tripulación formada por nombres tan ilustres como el doctor Edward Alan Wilson y Ernest Shackleton, llegó al extremo más meridional de la tierra, el punto nunca pisado por ningún hombre hasta entonces. A raíz de este notable evento, el imperio británico se arrogó como responsabilidad de carácter nacional conquistar el casquete polar.

Por este motivo, las expediciones fueron cada vez más ambiciosas, con más personal especializado en disciplinas más diversas. Los investigadores científicos debían afrontar largas campañas durante meses e, incluso, años. En estas circunstancias era necesario mantener el contacto con el resto de la comunidad científica y con los organismos de financiación, para informar de los avances conseguidos. La principal forma de comunicación era el correo postal, enviando las cartas con sellos sobreimpresos para tal ocasión.

MGPB 064671

Sello de un penique de la Península de Eduardo VII, 1908. MGPB 064671

La primera experiencia de usar sellos sobreimpresos se llevó a cabo durante la British Imperial Antarctic Expedition, más conocida como la expedición Nimrod (1907-1909), liderada por Ernest Shackleton. Durante la expedición, Shackleton fue designado como responsable de Correos por el gobierno de Nueva Zelanda (país, entonces, bajo dominio británico). Este cargo le permitía gestionar el uso de los sellos que llevaban a la nave, necesarios para mantener las comunicaciones con el Reino Unido. Los sellos utilizados correspondían a los de un penique con la imagen de la Alegoría del comercio, emitidos por primera vez en 1900 y reemitidos en 1908 con la sobrecarga “King Edward VII Land” para circular en la base británica de la península de Eduardo VII. Véase el ejemplar que os adjuntamos de la colección filatélica Ramon Marull.


Robert Falcon Scott capitaneó una expedición al polo Sur por segunda vez, siguiendo la estela de la primera Expedición Discovery. Desgraciadamente, tampoco esta Expedición de Terra Nova, oficialmente conocida como British Antarctic Expedition (1910-1913), consiguió los objetivos marcados y tuvo un funesto final. Formada por un equipo de sesenta y cinco personas, la campaña comprendía profesionales de disciplinas científicas diversas, como geólogos, biólogos o zoólogos. La Expedición de Terra Nova tuvo un coste total de 40.000 libras, sufragados con fondos públicos y con donaciones de patrocinadores privados. Sólo la compra del barco supuso una cuarta parte del gasto total presupuestado. Además, aún había que añadir la compra de animales de transporte y las provisiones necesarias para sobrevivir durante toda la campaña.

1280px-Scottgroup

Fotografía de la última expedición de Robert Falcon Scott. Aparecen Wilson, Scott y Oates (de pie) y Bowers y Evans (sentados). Autor: Henry Bowers.

Al igual que en su día ya había pasado con Ernest Shackleton, el capitán Robert Falcon Scott fue designado Jefe de Correos por el Gobierno de Nueva Zelanda durante el periodo de la expedición. Los sellos en circulación fueron los de un penique ilustrados con el barco Dominion y los de medio penique de Edward VII, ambos sobreimpresos con la leyenda “VICTORIA LAND” (en castellano, Tierra de Victoria). En el caso de los sellos con la efigie de Eduardo VII, como el que puede ver de la colección Marull, se editó una tirada de 2.400 ejemplares.

La expedición partió de la costa de Gales el 15 de Julio de 1910 y llegó al polo Sur el 5 de enero de 1912, pasando por Australia y Nueva Zelanda. No obstante, al llegar advirtieron que el explorador noruego Roald Amundsen se les había adelantado el mes de diciembre de 1911. El itinerario a seguir comprendía la investigación en la barrera de hielo Ross, el glaciar Beardmore y el polo Sur. Las condiciones climatológicas extremas y los problemas de organización son los motivos que, generalmente, se atribuyen al fracaso de la expedición. Durante el camino de regreso ninguno de los miembros logró sobrevivir.

La hazaña heroica de Scott y sus hombres quedaría a la sombra del éxito de Amundsen y escondida bajo las voces críticas que cuestionaban las decisiones tomadas por Falcon Scott.

330px-Scott_of_the_Antarctic_film_poster

Cartel de la película, 1948. Fuente: Wikipedia

Años más tarde, se llevó a cabo una revisión de los hechos y un intento de valorización de la figura de Scott. La Expedición Terra Nova inspiró la película Scott of the Antartic (1948), protagonizada por Christopher Lee, John Mills o James Robertson Justice, entre otros. La historia muestra el intento de conquista del polo Sur a través de un Scott heroico que lucha en un medio hostil.


Tierra Victoria y buena parte de la Península de Eduardo VII pertenecen a la llamada Dependencia Ross, bajo administración de Nueva Zelanda desde que el gobierno británico constituyó el territorio por una orden imperial del 30 de julio de 1923. Esta área de la Antártida está definida por un sector con vértice en el polo Sur, entre las longitudes 160 ° al este y 150 ° al oeste, y hasta la latitud 60 ° al sur.

Antartida_DependenciaRoss

El descubrimiento y exploración de la Antártida promovió el interés de las potencias mundiales, tanto por su alto valor científico como por motivos geoestratégicos. Las dos guerras mundiales intensificaron las expediciones científicas que abrieron un largo diálogo sobre las reclamaciones territoriales. Finalmente, para poner orden en la situación, en 1959 se estableció el Tratado Antártico que disponía que Nueva Zelanda ejercía la administración, la legislación y tendría la soberanía sobre el territorio, sin interferir en las actividades que se realicen para parte de otros países. Sin embargo, la reclamación de Nueva Zelanda sólo sería reconocida por 4 países: Australia, Francia, Noruega y el Reino Unido, que han reconocido mutuamente sus respectivas reclamaciones.

Unofficial_Flag_Ross_Dependency

Bandera no oficial de la Depedencia Ross, Nueva Zelanda. Emblema del Tratado Antártico.