Jordi Ficapal

Los buenos lugares para ser visitados lo son porque son buenos para vivir

 

Jordi Ficapal es antropólogo, profesión que lo ha llevado a observar la vida desde diferentes puntos de vista. Su trayectoria profesional empezó en proyectos de cooperación al desarrollo, pero desde hace más de dos décadas la docencia forma parte de su vida.

Ha impartido clases tanto de antropología y sociología del turismo como de turismo sostenible. Actualmente, después de una larga carrera dedicada al estudio del turismo y sus impactos, es el director de la Cátedra de Turismo Responsable e Innovación de la Universidad Ramon Llull.

 

¿Cómo definirías el actual modelo turístico de Barcelona?

Antes de la pandemia, Barcelona tenía un modelo turístico de éxito en términos comerciales. Durante las dos primeras décadas de actividad turística en la ciudad, el relato que se transmitía se basaba en visibilizar los impactos económicos positivos que generaba el turismo. Pero en los últimos 5 años, vecinos y vecinas han encontrado los mecanismos para hacer llegar su voz y han puesto sobre la mesa los efectos negativos que comporta esta actividad económica a la ciudadanía. Por eso, el modelo turístico actual se encuentra en un punto de inflexión: se está dejando atrás un modelo únicamente basado en la promoción para incorporar un modelo dedicado a la gestión del turismo en la ciudad, que se haga cargo de todos sus impactos.

¿Cómo se ha llegado hasta esta situación?

Durante los primeros años de promoción turística, la métrica que se utilizaba para medir el éxito del turismo era la cantidad de viajeros que venían, por lo cual se operaba bajo la lógica de “quanta más gente mejor”.

No fue hasta hace pocos años que se empezaron a analizar aspectos cualitativos del turismo, como la satisfacción de los visitantes y se añadieron, de forma tímida, los residentes en la ecuación.

El uso de nuevas métricas ha permitido obtener una visión más completa sobre la actividad turística en la ciudad y se ha empezado a evaluar la relación entre el impacto turístico en determinados barrios y la inversión pública en éstos, variables que no siempre concuerdan.

La COVID-19 ha hecho entrar en crisis al sector turístico en Barcelona. En cambio, vecinos y vecinas han tenido la sensación de recuperar ciertos espacios de la ciudad. ¿El turismo y la vida local pueden ser compatibles?

El turismo tiene en su ADN el gen de su propia destrucción. Hay visitantes que se limitan a consumir lugares emblemáticos y hay personas que visitan la ciudad para sentirse barcelonesas durante unos días, alquilan nuestra forma de vida por un tiempo determinado. Por lo cual, no sólo van a lugares emblemáticos sino que se acercan a barrios, restaurantes y comercios que frecuentan las personas locales. El resultado de este fenómeno de los turistas que buscan la autenticidad de la vida local fuera de las rutas establecidas es que los lugares que supuestamente eran característicos de un lugar lo dejan de ser.

"La gente que visita Barcelona pasa muy pocos días, es como si la ciudad se pudiera consumir rápidamente. La media de pernoctación en la ciudad está en 2 días y medio".

¿Entonces, cómo proteges la vida local?

Hay que generar nuevos mecanismos de evaluación de impactos del turismo más complejos que los actuales, en los que se involucren administraciones, empresas privadas y ciudadanía, con el fin de minimizar o anular los efectos negativos del turismo.

Espacios como el Consejo de Turismo y Ciudad, en los cuales operadores turísticos, administraciones y vecinos y vecinas pueden debatir, son imprescindibles.

Por otra parte, la sensación de recuperar la ciudad provocada por la COVID-19 va acompañada de muchas persianas bajadas. Reconvertir negocios turísticos en comercios destinados a la gente local es muy complejo porque se plantea la pandemia como una problemática temporal y las inversiones generadas en estos espacios necesitan subsistir a partir de unos precios que la ciudadanía de Barcelona no está dispuesta a pagar.

Ahora mismo, hostelería, comercios y restauración están decidiendo a quién pertenecerá el centro de la ciudad en los próximos años: a turistas o a vecinos y vecinas.

¿Las políticas públicas tienen que ayudar a reconvertir la economía?

Totalmente. El Ayuntamiento, a través del plan estratégico de turismo del 2018, hace una actividad específica para descongestionar el centro y poner en valor otros barrios de la ciudad. La descongestión del centro era necesaria, pero siguen llegando gran cantidad de turistas que utilizan servicios municipales como el transporte público. Ahora está sobre la mesa la derivación del turismo hacia el Área Metropolitana.

¿Hay que disminuir el turismo que llega a la ciudad?

Es una opción. La reducción de ciertos volúmenes de visitantes podría mejorar la experiencia de vecinos y turistas.

¿Cómo se puede limitar?

Se pueden limitar alojamientos. Por otra parte, hay maneras inteligentes, gracias a la tecnología, de dirigir los flujos de turistas hacia zonas o territorios dentro de la ciudad o próximos que no están congestionados, con el fin de evitar el malestar de las personas residentes y mejorar la experiencia del turista.

Desdel Instituto de Turismo Responsable impulsáis el Sello Biosphere. ¿Qué es?

Es un certificado que permite evaluar la calidad del turismo y sus impactos económicos, ambientales y socioculturales. Pueden optar destinaciones turísticas o empresas turísticas de muchos tipos.

Para conseguirlo, hay que someterse a una auditoría en la cual se evalúan diversos indicadores. La certificación se revisa de forma anual para comprobar si se siguen cumpliendo los criterios necesarios para formar parte.

El Sello Biosphere se basa en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). ¿Cómo medís el cumplimiento de estos objetivos?

Los ODS son el marco de referencia con que se trabaja, pero no se han creado todavía las métricas específicas que permitan evaluar el impacto del turismo en cada uno de los ODS definidos.

Barcelona cuenta con este sello. ¿Desde cuándo?

Sí, desde el 2015, creo recordar. La Diputación de Barcelona y Cataluña también lo tienen.

¿A pesar de todo, la población se sigue quejando de que el modelo turístico de la ciudad es una de las causas que hace aumentar el precio de las viviendas y expulsa los barceloneses y barcelonesas, como puede ser?

Los problemas evolucionan. Según los indicadores, Barcelona se merece el certificado Biosphere. El sello se obtiene por el conjunto de las medidas que se aplican, pero se puede suspender en alguna. No es una contradicción, el sello sigue siendo un instrumento válido a la hora de seguir trabajando para resolver los problemas pendientes que tiene la ciudad con el turismo.

¿El turismo sostenible es un oxímoron?

No, pero el turismo acaba destruyendo la atracción que promociona. La cantidad de gente atraída cambia las características objetivas del elemento que causaba la atracción y empieza la destrucción o transformación del lugar. Hay un proverbio polinesio que lo explica: “El turismo es como el fuego, te puede ayudar a cocinar la comida, pero si se te descontrola te puede quemar la casa”.

Aun así, el turismo responsable consiste en ofrecer lugares que permitan una buena calidad de vida, porque en la medida que sea un buen lugar para vivir también será un buen destino a visitar.

Barcelona, diciembre 2020.

 


Las opiniones expresadas en esta entrevista son a título particular y no necesariamente reflejan el posicionamiento institucional del Ayuntamiento de Barcelona.