Los jardines de infancia municipales abren ventanas en el barrio: una transformación comunitaria que arraiga en los territorios

En los jardines de infancia municipales (EBM, por sus siglas en catalán) de Barcelona se está produciendo un cambio significativo y arraigado al territorio. El Instituto Municipal de Educación de Barcelona impulsa, junto con el Departamento de Equipamientos y Políticas Comunitarias del Área de Acción Comunitaria, un proceso para poner en valor las prácticas comunitarias que ya se desarrollaban en muchos de los jardines de infancia, abriendo nuevas vías para conectar con las familias y con la vida cotidiana de los barrios.

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30/06/2025 - 14:21 h - Educación y estudios

Ese pilotaje parte de una voluntad compartida: repensar, de manera colectiva, cuál tiene que ser el papel de los jardines de infancia dentro de su entorno. Más allá de su función educativa y de conciliación, las EBM se pueden convertir en equipamientos de referencia abiertos, próximos y conectados con la realidad de las familias y del territorio. Y eso, poco a poco, se empieza a concretar en muchas escuelas.

Un proceso construido desde el respeto a cada realidad

Una de las fortalezas de este proyecto es que no parte de un modelo único. Cada escuela ha podido definir qué significa para ella “hacer comunidad”, con el apoyo del pilotaje pero sin imposiciones, y siempre desde el respeto por su singularidad y su contexto.

Esta manera de hacer ha permitido desarrollar acciones diversas, significativas y conectadas con las necesidades de cada territorio.

Acciones vinculadas a la red y al territorio

En la EBM y EFCM El Torrent y la EBM Pla de Fornells, en el barrio de les Roquetes, han hecho de la mirada comunitaria una herramienta clave para acompañar familias recién llegadas, a menudo sin redes de apoyo. A través del vínculo con servicios como vivienda o servicios sociales, han creado un entorno próximo y acogedor que responde a necesidades reales. Este año, como miembros del grupo motor de la pequeña infancia que lidera el Plan Comunitario de Roquetes, han participado de la fiesta mayor del barrio ofreciendo actividades para niños de 0 a 3 años y sus familias, poniendo en valor la tarea conjunta con el territorio y visibilizando una etapa a menudo poco reconocida. También se ha elaborado una exposición conjunta entre los servicios que será itinerante por el territorio y que se puede ver a partir de este mes de junio en el CAP Roquetes.

Una nueva mirada entre niños y jóvenes

En la EBM Colometa y la EBM Ralet, en el barrio de la Prosperitat, una situación de tensión con jóvenes del barrio se convirtió en el inicio de un trabajo transformador. En lugar de cerrarse, las escuelas optaron por abrirse y construir puentes. Establecieron un diálogo que ha dado lugar a iniciativas compartidas entre adolescentes y niños de 0 a 3 años, con resultados muy enriquecedores. Han nacido también espacios nuevos como los “Miércoles de Colometa”, abiertos a familias con niños de hasta 6 años, o un grupo de apoyo para familias monoparentales impulsado conjuntamente con el equipo de CSS Guineueta-Verdun-Prosperitat.

Murales comunitarios: una respuesta creativa y compartida entre generaciones

El pasado mes de mayo, la EBM Colometa y la EBM Ralet han dado un paso más con la propuesta de construcción de murales comunitarios en los patios de las escuelas, con la implicación de los jóvenes del barrio y de sus referentes adultos (IES Nou Barris, IES Flos i Calcat, IE El Molí, Esplai Druida, programa APC de Servicios Sociales, Plan de Barrios y Distrito). Una acción que da respuesta a una problemática concreta —el mal uso de los espacios escolares fuera de horario—, pero que ha sido abordada desde la confianza, el reconocimiento mutuo y la educación en valores compartidos. En el marco de la fiesta mayor de la Prosperitat se han inaugurado los dos murales en dos jornadas festivas muy comunitarias.

Una nueva manera de entender el jardín de infancia

Lo que este proceso pone de manifiesto es que la comunidad no surge sólo de hacer actividades fuera del centro, sino de una manera diferente de entender la escuela: como un espacio vivo, con las puertas abiertas, donde las familias tienen voz y donde el barrio forma parte de la identidad educativa.

Las fiestas mayores, las acciones artísticas, los encuentros con entidades o las actividades intergeneracionales son expresiones de esta nueva manera de hacer. Una mirada que apuesta por la colaboración y la vinculación como herramientas reales para enriquecer el proyecto educativo y hacerlo más significativo para todo el mundo.

Los equipos educativos viven este proceso con implicación y compromiso, pero también con conciencia de los retos que comporta: la disponibilidad horaria, las cargas de trabajo o la necesidad de sostener iniciativas a largo plazo. A pesar de todo, la experiencia muestra que cuando la escuela se abre, escucha y teje alianzas, el cambio es posible, y los beneficios llegan a los niños, a las familias y al conjunto de la comunidad.

Un camino colectivo que sigue

Durante los meses de mayo y junio, muchas de estas iniciativas han tomado forma en jornadas abiertas, actividades en la calle, espacios de encuentro con familias o acciones compartidas con otros servicios y entidades. Pero estas acciones visibles son sólo la punta del iceberg.

Este pilotaje no es un punto final, sino el inicio de un recorrido compartido. Los jardines de infancia comunitarios tienen un gran potencial para contribuir a la cohesión social, al bienestar familiar y a una ciudad más próxima y equitativa. Esta red de experiencias, vínculos y compromisos, en constante construcción, es un claro ejemplo de ello.