La sacralidad de vivir

¿Existe una relación entre ciencia y contemplación, infancia y ecología o poesía y alimentación? Estamos acostumbrados a hablar de un mundo globalizado e interrelacionado, pero con frecuencia lo asociamos a ámbitos como el económico o el tecnológico, cuando en realidad todas las tradiciones religiosas nos han enseñado que esta interrelación es mucho más profunda y evidente de lo que nos imaginamos. El científico inglés Rupert Sheldrake nos dice que esta conexión de todo con todo no podemos desvincularla de la sacralidad:“No somos sagrados cuando estamos separados y desconectados los unos de los otros, del mundo más-que-humano y de la fuente de todo ser. Experimentamos lo sagrado cuando estamos conectados a la fuente de la vida que va mucho más allá de nuestras limitadas naturalezas”.[1]

Es esta experimentación de lo sagrado que hacemos cada día, todos nosotros, y no tanto su teorización, la que modula nuestro vivir. Tenemos integrado que la vida es sagrada; deberíamos tener integrado, también, que la Tierra es sagrada, pero otro vector igual de importante es ese vivir sagrado, es decir, cómo lo ponemos en práctica, qué hacemos, cómo actuamos y nos relacionamos en cada instante (el instante, por cierto, como expresión sagrada del tiempo inconmensurable).

De todo ello quisimos hacer un ciclo de conferencias que no podíamos titular de otra forma:“La sacralidad de vivir”. Un ciclo organizado por la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona en diferentes bibliotecas de Barcelona y que, durante los meses de abril y mayo, reunió a varios testigos para hablarnos de esta sacralidad de vivir desde diferentes ámbitos, todos unidos, pero también cada uno con sus particularidades e idiosincrasias. Se quiso abrir un marco más inclusivo en el que poder ver diferentes aproximaciones a esta noción de sacralidad sin tener que hacer explícita una religión en concreto, ya que, si bien el hecho religioso sigue siendo una cuestión importante para muchas personas, también es cierto que despierta recelos en otras. No obstante, cada vez se hace más evidente la necesidad de recuperar un sentido de lo sagrado, de trascendencia y de conciencia desegocentrada para afrontar una vida más rica y con sentido, tanto individual como colectivamente. Las graves crisis medioambientales, sociales y económicas se pueden describir bajo esa falta de respeto por un mundo que no nos pertenece, pero del que somos corresponsables.

Hablar de la sacralidad de vivir es hablar de ciencia, de rituales, de artes, de nutrición y salud, de crianza... En definitiva, de todos los ámbitos que nos hacen volver a conectar con nuestra primera esencia, más allá de unos dogmas y creencias en particular.

De este modo, dos poetas tan reconocidos como Lluís Solà y Jesús Aguado iniciaron el ciclo con el recital de algunos de sus poemas, acompañados de comentarios y reflexiones inspiradoras; por ejemplo, cuando Solà enfatizó el don de la palabra que se nos ha regalado y que a menudo despreciamos o mancillamos. Aguado, con la fina ironía que lo caracteriza, sugirió que si Dios tuviera nombre, este debería ser Jugar. Y precisamente del juego habló Sonia Kliass en la siguiente charla, dedicada a la infancia y la adolescencia, en la que esta psicóloga nos recordó la importancia de volver a los sentidos para salir del plano mental y reconectar con nosotros mismos, una necesidad que muchas veces negamos a los niños. Del mismo modo que les negamos, como apuntó Sònia Castaño en esta misma charla, la educación espiritual, especialmente a unos adolescentes que, como dijo,“ya están hartos de tanta banalidad”. La tercera charla fue un diálogo fluido entre Ángeles Parra y Pedro Burruezo sobre ecología profunda, dando valor precisamente a esa dimensión espiritual para poder afrontar con más serenidad y autocrítica la crisis medioambiental. Encontrar el equilibrio entre compromiso social y trabajo interior y contemplativo es un gran reto, y de esto hablaron, en la cuarta sesión, Olga Fajardo y Laia de Ahumada, para quienes compromiso y contemplación son inseparables y responden a necesidades que hay que atender. En este juego de pesos y balanzas también entraron Jordi Pigem y Josep Maria Mallarach en la charla dedicada a la ciencia como revelación, ofreciendo la visión de la ciencia occidental moderna (Pigem) y de las ciencias no occidentales (Mallarach) desde la erudición y la pasión propias de ambos estudiosos. El ciclo se cerró con Bonnie Cohen y Montse Castellà. Cada una, desde sus respectivas tradiciones espirituales milenarias, la judía y la budista, nos regalaron una serie de consejos, impregnados de relatos autobiográficos, sobre cómo se puede alimentar el alma y alimentar el cuerpo.

En definitiva, un ciclo en que pudimos escuchar a personas que reunían un gran conocimiento sobre las cuestiones que trataron con esta sensibilidad hacia a la noción de lo sagrado, fueran religiosas o no. Porque si hoy es urgente hablar de este retorno a la conciencia de lo sagrado entendido como vínculo, también es importante abrir espacios donde el hecho religioso se trate desde la transversalidad y la pluralidad no solo de creencias, sino de prácticas y experiencias dentro de una misma creencia.

                                                                                                                                                               Dídac P. Lagarriga

 

[1]     Rupert Sheldrake. La ciencia y las prácticas espirituales. Barcelona: Kairós, 2019.

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