Teresa Rutllan, psicóloga: “Las personas cuidadoras, especialmente los familiares, tienen más riesgo de sufrir depresión.”
El Día Mundial de la Lucha contra la Depresión también es una oportunidad para reconocer que la tarea de cuidar implica, a menudo, carga emocional, fatiga y soledad, y que es esencial disponer de espacios de apoyo y acompañamiento.
Gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento y la Fundación Salud y Persona, las personas titulares de la Tarjeta Cuidadora pueden acceder a un servicio gratuito, anónimo y confidencial de apoyo emocional y psicológico, disponible las 24 horas del día, cada día del año.
Con motivo de esta conmemoración, hemos invitado a Teresa Rutllan, directora de la Plataforma de Atención Psicológica Telefónica de la Fundación Salud y Persona, para que nos explique cómo se atienden las necesidades emocionales de las personas cuidadoras y qué factores hay que tener en cuenta para prevenir o afrontar la depresión.
- ¿Qué es la depresión y por qué puede afectar especialmente a las personas que cuidan a otros, ya sean familiares o profesionales del cuidado?
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que provoca tristeza profunda, falta de energía y pérdida de interés por las cosas. No se trata de una tristeza pasajera sino persistente, con sentimientos de inutilidad, culpa y desesperanza, que afecta a todas las áreas de la persona. Los síntomas pueden ser tan graves que interfieren incluso en las actividades cotidianas, como el trabajo, la escuela, las actividades sociales o las relaciones con otras personas.
Muchos estudios confirman que los cuidadores informales, especialmente los familiares, tienen más riesgo de sufrir depresión que la población general, y esta vulnerabilidad aumenta cuando el cuidado es complejo, prolongado y sin apoyo, ya que las personas cuidadoras a menudo viven con mucha responsabilidad, estrés continuado, soledad y poco tiempo para ellas mismas. Esto acaba afectando también la calidad de los cuidados que pueden ofrecer.
- Desde la Fundación Salud y Persona, ¿qué necesidades emocionales y psicológicas detectáis más a menudo en las personas cuidadoras que contactan con el teléfono de apoyo?
Solemos detectar dos tipos de necesidades: unas centradas en el momento presente y otras en el futuro. En el primer grupo encontramos la necesidad de sentirse escuchadas, aceptar la falta de reconocimiento (sensación de soledad) y la culpa por no poder hacer más, esa autoexigencia que tenemos todos con nosotros mismos.
En cuanto a las necesidades centradas en el futuro, nos encontramos con el miedo a equivocarnos en la toma de decisiones, la preocupación por la incertidumbre y la anticipación de problemas que pueden aparecer, pero que todavía no están.
- ¿En qué momentos o situaciones clave recomendarías que una persona cuidadora utilice este servicio?
En cualquier momento nos pueden llamar, no hace falta que la persona se sienta desbordada, ya que muchas veces podemos actuar como un servicio preventivo. Siempre digo que llamar a tiempo es cuidarse.
Por ejemplo, en situaciones de cambio, al inicio de una enfermedad grave, a medida que la enfermedad avanza y necesitamos nuevos recursos o cuando aparecen conflictos familiares.
- ¿Cómo puede ayudar una llamada al teléfono de apoyo emocional y psicológico en la prevención o en el afrontamiento de la depresión? ¿Y qué pueden esperar las personas cuidadoras cuando llaman?
La llamada ofrece escucha profesional, orientación y herramientas para reducir el estrés. Ayuda a poner palabras a lo que se siente, y eso es un primer paso. Las personas cuidadoras encuentran un espacio seguro y confidencial, donde se las escucha y acompaña sin juzgarlas.
Pero lo más importante es que no hablamos de una sola llamada, sino que el servicio es de llamadas ilimitadas; esto implica un acompañamiento real y continuado, una persona nos puede llamar cada día si lo necesita.
- ¿Cómo se puede saber si necesitan ayuda? ¿A qué signos o cambios hay que estar atento? ¿Cuál es el “momento” para pedir ayuda?
Hay que prestar atención, en primer lugar, al cuidado de uno mismo (especialmente en cuanto a la higiene y a la propia imagen). También autoevaluarnos periódicamente en aspectos como cansancio extremo, irritabilidad, insomnio, pérdida de interés, valoración negativa de todo lo que hacemos o llorar a menudo sin motivo aparente. Cuando estos signos duran días o semanas, o cuando sentimos que no podemos más.
- ¿Qué recursos o recomendaciones ofrecéis para ayudar a las personas cuidadoras a cuidar también de su propia salud mental en el día a día?
Ofrecemos herramientas para gestionar el estrés y aprender a aceptar las emociones aunque sean desagradables. También recomendamos pequeñas pausas diarias, hablar con alguien de confianza, recuperar actividades que se han abandonado por los cuidados, cuidar el descanso y la alimentación.
En el caso de la depresión, acostumbramos a hacer una tarea de psicoeducación explicando que se trata de una enfermedad en la que es muy importante el tratamiento farmacológico, por eso recomendamos también una visita al médico de cabecera.
- ¿Cómo se ha adaptado el servicio para garantizar una atención accesible, confidencial e inclusiva para todas las personas cuidadoras, incluidas las que pueden tener dificultades de espacio, tiempo o idioma?
El teléfono es gratuito, anónimo y confidencial. La atención puede ser en catalán o castellano. Está disponible las 24 horas, los 365 días del año, para que las personas cuidadoras puedan llamar cuando les sea posible. No hace falta espacio ni desplazamientos: solo un teléfono. El objetivo es que todo el mundo se sienta acogido y respetado.
- ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a las personas cuidadoras que dudan si llamar o pedir ayuda, especialmente en el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión?
Si tienes dudas, llama. Hablar con alguien que te entiende puede aliviar mucho. No estás sola ni solo: cuidar es importante, pero cuidarte también lo es. Pedir ayuda es una señal de valentía, no de debilidad, y puede marcar la diferencia.