Vida cotidiana

A través del valor que da a los detalles, la persona adulta contribuye a la formación de la personalidad del niño o la niña. Los detalles de la vida cotidiana, aparentemente insignificantes y que en muchas ocasiones pasan desapercibidos para los adultos, en realidad son elementos básicos para la educación de cada niña o niño.

(Pepa Òdena)

Si nos quedamos con esta afirmación, desde la escuela damos mucha importancia a todos los pequeños (grandes) momentos que día a día se repiten, así, nuestra organización se centra en las situaciones de vida cotidiana, a partir de las comidas, el descanso, el juego y la higiene. El cuidado con el que los planificamos tiene como objetivo el bienestar de las niñas y los niños.

Algunos de estos momentos son rutinas que día a día repetimos pero, cada una de ellas se convierte en una vivencia única y distinta a la anterior. Nos referimos a todo aquello que va pasando a lo largo del día, actividades reflexionadas por el equipo educativo y pensadas para poder dar respuesta a las necesidades y demandas de cada niña o niño. Así, nuestro día a día se organiza a partir de propuestas de juego dónde los cuidados, els descanso y las comidas se dan de manera simultánea, con constancia y repetición, pero también con la flexibilidad necesaria para ajustar nuestra práctica a cada niño o niña.

La organización del día a día respeta y garantiza que los momentos de cuidado sean también un tiempo de individuaidad y exclusividad, sin que llegan a mecanizarse. Son oportunidades de relación y de vinculación. Pueden ser pequeños momentos como limpiar una nariz o lavar las manos, u otras como un cambio de pañal, situaciones que pasan habitualmente durante día y que atendemos cuando cada niño o niña lo necesita. Otros momentos cotidianos se dan de una manera más estructurada, como el descanso donde la regularidad, constancia y la referencia de la persona adulta tienen un papel muy importante. Estas actividades las acompañamos cada día de la misma manera, ajustandonos a las necesidades evolutivas y circunstancias de cada persona.

Valoramos todo lo que passa a lo largo del día como esencial y con un gran potencial educativo, todas aquellas pequeñas situaciones de juego, cuidado, relación,... son de vital importancia para los niños y niñas, ya que viven conectados a su entorno y aprenden de estas conexiones. La construcción de sí mismo y su autoconcepto se desarrolla a través de la mirada de la persona adulta, como educadoras pensamos que debemos estar muy presentes, escuchar, observar a cada niña o niño y poder ajustar nuestra intervención a sus necesidades.

 

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