El distrito de Les Corts tiene su origen en el antiguo pueblo del mismo nombre, situado en la parte occidental del llano de Barcelona, una zona rural con tierra fértil que ocupaba aproximadamente el territorio entre el torrente de Magòria y la Riera Blanca.

Hay indicios de ocupación humana en esta área que se remontan a las épocas ibérica y romana. La tradición agraria de la zona se hace patente en la existencia de algunas villas romanas en el territorio donde hoy día se extiende el distrito de Les Corts. Durante la Edad Media, algunas masías se fortificaron, como la masía Torre Rodona, que actualmente todavía se conserva y que toma el nombre de la torre de defensa que se añadió en la época de las razias árabes de finales del siglo X.

Los habitantes de Les Corts —desde la época carolingia hasta el siglo IX— disfrutaban de los privilegios de las franquezas, que habían sido reconocidos por una sentencia de Jaime I, en 1274. Eran considerados ciudadanos de Barcelona y estaban exentos de impuestos que no fueran los de albergue real. El alcalde real de las franquezas nombraba a un alcalde local en Les Corts, lo que propiciaba que la estructura social se mantuviera sobre la base de campesinos propietarios de la tierra, manteniendo una independencia territorial.

La delimitación del distrito actual se corresponde bastante con la de los terrenos francos que se instauraron en tiempos medievales, entonces regidos directamente por el conde rey para favorecer su desarrollo. Precisamente esta situación administrativa en que no intervenía ningún poder local es la que favoreció que se eligiera este espacio para la ubicación del Real Monasterio de Santa Maria de Pedralbes.

El Decreto de Nueva Planta de 1716 significó la pérdida, entre otras cosas, del privilegio de las franquezas del que había disfrutado Les Corts. Como consecuencia de ello, y durante los difíciles años posteriores a la guerra de Sucesión (1701-1713/1715), algunos propietarios se vieron obligados al establecimiento enfitéutico de las tierras de su propiedad, e iniciaron, así, un proceso segregacionista que ya no se detendría. La constitución de Cádiz y la creación de la parroquia de la Mare de Déu del Remei permitieron establecer una nueva unidad municipal plena en 1832, que se anexionó a Barcelona en 1897.

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