Descubre las crucíferas de temporada: la kale y el romanesco
Estamos en plena temporada de crucíferas, un momento ideal para redescubrir esta familia de verduras tan interesante. Normalmente pensamos en la coliflor, el brócoli o la col de Bruselas, pero hoy queremos poner el foco en dos variedades que a menudo quedan en segundo plano: la kale y el romanesco.
Estas dos verduras sorprenden por su aspecto singular —la textura rústica de la kale o la estructura geométrica del romanesco— y por su perfil nutricional. Son riquísimas en vitamina C, mucho más allá del tópico de los cítricos, y también aportan vitamina A, fibra y un conjunto de propiedades beneficiosas: son depurativas, antibacterianas, antivirales, antiinflamatorias, anticancerígenas y pueden ayudar a regular la actividad hormonal.
Además, son muy fáciles de introducir en la cocina cotidiana: la kale funciona muy bien en sopas, salteados o ensaladas masajeadas, mientras que el romanesco es ideal para asar, cocinar al vapor o incorporar en platos de pasta o curry.
Y si queréis descubrirlas de cerca y comprarlas bien frescas, en la Boqueria encontraréis varios puestos que las tienen durante toda la temporada.
La kale
La primera parada es Cal Neguit, donde hablamos con Eva López sobre la kale, una crucífera no tan conocida pero también muy rica en propiedades: “se puso muy de moda por una influencer que empezó a hacer batidos con kale porque decía que era un superalimento”. Aunque está de acuerdo, recalca que todas las crucíferas son un superalimento que deberíamos incorporar en nuestra alimentación diaria. La kale quizá no tiene tanta variedad a la hora de elaborarla, pero nos recomienda hacerla al horno o frita, “hacer chips de kale, por ejemplo”. ¡Eso sí, cuidado! No te pases con la cocción o quedará amarga.

Jaume Soley, del puesto Soley Boqueria, nos cuenta más curiosidades sobre este crucífero. La kale es del norte de Europa y se ha popularizado porque es una verdura vegana que “se parece mucho a una col que hay en Galicia, que se llama berza”. Poco a poco, ya se ha ido introduciendo en España y Cataluña y ya se cultiva localmente en nuestras tierras. Además, nos dice que este crucífero es una fuente de proteínas vegetales que aporta muy pocas calorías y casi nada de grasas.
El romanesco
Para la temporada de frío, el romanesco con bechamel se convierte en un plato caliente y suave perfecto para probar una receta diferente. David y Miquel, del puesto Germans Pascual, nos explican los pasos: “es una receta fácil, pero requiere tiempo: primero hervimos la verdura, después hacemos la bechamel tradicional y, al final, metemos el romanesco en el horno para dorarlo y que su sabor sea todavía mejor”.
Otras propuestas para comer en esta temporada fría y que contienen crucíferas son, por ejemplo, la col verde —para preparar caldo con el brote— o, en los meses de febrero/marzo, el espigall —que es el brote de col y se puede cocinar con alubia blanca—. Y ahora que llega Navidad, “las pencas son muy típicas en la noche del 24 de diciembre, así como las coles de Bruselas”.

Finalmente, en la parte exterior del mercado se encuentran las payesas y, en esta ocasión, Josep Maria Pasqual Gallofret nos habla de este alimento y nos cuenta alguna curiosidad. El romanesco, hoy en día, ya es un producto local presente en las cosechas de los agricultores. Aun así, no es un alimento tan conocido como, por ejemplo, el brócoli o la col, ya que, como nos dice Josep, “no se ven demasiados, pero cada día se ven más”.
Esto se debe a que este crucífero, día tras día, va haciéndose un lugar en las cocinas catalanas. Es muy fácil incorporar este alimento en las recetas diarias: “se puede hacer hervido, combina muy bien por su textura y tiene un sabor diferenciado del resto de crucíferas”.

